domingo, 3 de junio de 2012

Ligereza de juicio...


Debo este post a la inspiración del artículo de Robert y a la vida misma, que como tantas veces me pone en la situación inspirada y no tengo más remedio que “comerme” el guiso de la realidad que me ofrece la vida…

Como le adelanté en un comentario en el blog de Robert… iba yo en el metro de Madrid un día o dos después de haber leído el artículo “Como responder al juicio de los demás”.

Amanecí ese día con un fuerte dolor de cabeza, no tomé ningún calmante, aunque me eché un ibuprofeno al bolsillo para tomarlo más tarde –prefiero poder con el dolor por medios naturales-

Estábamos sentados tres jovencitas, un mocetón de veinte años aproximadamente latino, un ciudadano rubio de ojos azules centro europeo, una mujer de rasgos negroides, un matrimonio mayor y yo mismo…

En la siguiente estación, sube al tren un anciano con bastón y se apoya en la pared junto a los asientos.

Nadie hace intento de ceder el asiento, el rubio se hace el dormido cuando segundos antes estaba absorto en su móvil de última generación…a pesar de ocupar el asiento reservado a los ancianos, mujeres en periodo de gestación y personas con minusvalías físicas…

El latino sigue enfrascado en un juego del móvil…

Reflexionaba internamente sobre la mierda de país que hemos construido, donde la educación, el respeto a los demás y las buenas maneras han quedado arrinconadas al lado de lo inútil…
Que tenga que ser yo, el viejo, el que se vaya a levantar para ceder el asiento a otro viejo por desistimiento de los valores cívicos del resto del tren me encrespaba e indignaba…

La mujer de rasgos negroides, se levanta por haber llegado a su parada, me corro de asiento para facilitarle el más cercano a su posición, el anciano se sienta a mi lado, (para mi desdicha, pues al parecer tiene malas relaciones con la higiene personal) sigo sumido en mis reflexiones sobre nuestra sociedad egoísta…

Se incorpora en la siguiente parada un viejo conocido mío de otros muchos viajes, además de verlo en el barrio…
Es a la sazón un menesteroso de aspecto famélico y desgreñado, que siempre repite el mismo protocolo: Aduce que necesita ayuda para comer y que en pago nos ofrece un poema de Rosalía de Castro (que nos recita de memoria en español y gallego...)

Se dirige a mi persona el anciano de marras y me dice en voz muy audible por el menesteroso: ¡Dice que es para comer! Y son las 18 horas…

Y comienza un cruce de palabras entre el anciano y yo mismo:
     - Es un discurso que le conozco ya, siempre dice lo mismo, es su manera de justificarse la limosna (apostillo conciliador) aunque le parezca mentira, hay personas que pueden no haber comido aún, he incluso no tener medios para ello, no debe juzgar tan a la ligera…

-         Quiá, si está en ese estado es que seguramente se lo tiene merecido, con su edad ya debería disfrutar de una pensión…seguro que ha dilapidado su vida…

El menesteroso que tiene buen oído, le escucha y mira con sorpresa al viejo…
Este ataque del desaseado anciano, tan alegremente enjuiciador sobre los demás, me encrespa…

- Lo siento, no le puedo dar la razón, y no se la doy. Está usted enjuiciando con mucha ligereza, y sepa que con la vara que midas, serás medido.
Además, me ha hundido todas mis teorías y reflexiones internas…Estaba yo lamentándome por la mierda de país que hemos hecho…y viene usted con sus palabras y su actitud y me lo tira todo por tierra…
Pensaba yo que usted no merecía que ese rubio (señalándolo) se hiciera el dormido, que esas dos señoritas pintureras pasaran de cederle el asiento, ni que este mocetón fuerte y robusto no se viera impelido a ceder el asiento a una persona que lo necesita a simple vista…
Me dije yo en cuanto le vi, este hombre tiene la tensión por las nubes, el colesterol muy alto y tendrá asociado una diabetes grande, además del problema circulatorio que muestran esos derrames en los brazos…
-         ¿Es usted médico?
-         No, pero reconozco esos síntomas…

El anciano intenta justificar su actitud, y solo hace encresparme aún más con sus vanos y antisociales opiniones.

-         ¡Que no, que no tiene razón y no se la doy! (replico tratando de contenerme mi natural ganas de agredirlo) además si como usted dice no cotizó en la seguridad social, ¿Quién le dice a usted  que pudo hacerlo?

-         Todo el mundo ha podido, (replica con seguridad)

-         Puede que estuviera fuera del país, o en la cárcel…

-         Pues si estuvo en la cárcel que se joda…

-         ¿Está usted seguro que todo aquel que está en la cárcel es culpable?, ¿Están todos los culpables en la cárcel?, además si la ley le hizo cumplir una condena, ya ha pagado y no le podemos exigir más, ya pagó por ello lo que le pedimos…

-         Si fuera una mujer, hubiera opinado diferente…

Esta deriva de género es lo que me faltaba, intenta arroparse en el género…

-         Usted cuando mira ve hombres y mujeres, ¿no?
-         Si (replica rotundo)
-         Pues yo no, cuando miro veo PERSONAS (recalco la palabras, que casi la muerdo) y me da igual el género, la raza o su posición social, si necesita algo y se lo puedo dar, se lo doy…

El anciano ya no tiene más recursos, calla por fin y cuando llega su parada se apea y deja atrás a una desolada persona (yo).

Llegado a mi destino, bajo  en mi estación, y ¡OH sorpresa! Ya no me duele la cabeza.

Reflexiones:
-         ¿Me comporto o me comportaré como el anciano de la historia que juzgaba con ligereza?
-         ¿Cuál es la posición adecuada?

Seguiré meditando en ello…

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