miércoles, 22 de agosto de 2012

Timos y timadores nacionales.




La actualidad con los diferentes escándalos de “Preferentes”, “ERE”, comisiones fraudulentas y malversaciones de dinero público, demuestran que los pícaros nacionales se han graduado y han montado un gran negocio multinacional…
Básicamente son lo mismo, es diferente la plusvalía que se sacan los picaros, antes los llamábamos pícaros ladrones, y ahora a muchos de ellos “señoría”, “excelentísimo señor” u otro título (porque nuestros pícaros nacionales han progresado en la escala social, ya no son “gentes del Rastro”, ni de Tirso de Molina ni viven en Cabestreros…)
Ahora habitan palacios, casones con sello nobiliario, o mansión en barrios señoriales…

Hoy traigo un recuerdo entrañable a nuestros pícaros de toda la vida, modestos, no exentos de ambición, pero con un fondo de decencia…
Vamos a ellos:


En todo timo clásico se dan varios componentes, a saber:
1.     Avaricia por poseer algo de mucho beneficio sin importar reglas morales.
2.     Una víctima de la que aprovecharse.
3.     Un “enterao”o “listillo” que te asesora.

En el timo de la “estampita” (popular timo español), tenemos el disminuido “intelectual” del que aprovecharse, la avaricia y el “listillo” que nos hace ver que seríamos tontos si no nos aprovechamos de la ocasión.
Claro que luego está la realidad, que salimos con un montón de papeles de periódico en vez de billetes de banco.

El “listillo” nos hace ver que seremos tontos si no aprovechamos la ocasión de acogernos a lo preferencial que nos ofrecen, y si encima el “listillo” nos produce el sentimiento de CONFIANZA y lo sumamos a la oportunidad de sumar pingües beneficios… está servido el timo de la estampita.


Timos clásicos que he observado en mi entorno desde que era niño:
1.     El timo de video Panasonic (con las variantes de relojes, ropa y otras mercaderías supuestamente de origen ilícito).
2.     El toco mocho o el  “billete de lotería premiado”.
3.     La rifa del coche de lujo.
4.     La venta del parque del Retiro en Madrid.
5.     El del Obispo o cardenal.
6.     El de la “señora importante esposa de Don Mengano”.
7.     El chino que es comerciante del barrio y no tiene para el taxi.

La lista es enorme y da para un libro (de hecho hay alguno por ahí), me animaré a poner una breve reseña de mis favoritos como ejemplarizantes.

1.     Timo del Panasonic.
Se precisa una persona deseosa de poseer un video Panasonic (en aquel tiempo eran carísimos).
Se le acerca el timador y le enseña una caja vacía de un video Panasonic y le dice que es robado, que se lo vende barato…
El timado, no le hace ascos a la procedencia del video y procede a atornillar en el regateo aprovechándose del ladrón y le ofrece la décima parte del valor en mercado del video…
El timador, acepta a regañadientes el precio que le ofrece alegando su necesidad de venderlo por ser un padre de familia hambrienta, se acerca a un rincón donde tiene escondido el video envuelto en papel de periódico para su disimulo, pues un policía lo puede ver y los “empapela a ambos”.
Cambian dinero por envoltorio y se dispersan temerosa y rápidamente ambos del lugar del delito.
Cuando en lugar seguro el poseedor del video robado abre el envoltorio…¡Sorpresa! Es poseedor de un magnifico ladrillo usado.

¿Quién es el ladrón?
¿El timador, o el timado?
................................................

Otro de cuando tenía 15 años en Madrid que fui testigo de él:
         3. La rifa del coche de lujo.
En aquel Madrid de 1965, solo los muy ricos y extrajeros, aparcaban en la calle un cochazo enorme y descapotable mientras iban de “visita” a algún sitio.

Los pícaros del Rastro, tenían preparada una gran sábana blanca con un letrero alusivo a la rifa con la que cubrían parte del monumental carro. El precio de rifa al momento del cochazo era  solo 5 pesetas de las de entonces el número.
 Portaban una mesita con un bombo de lotería y se ponían a la tarea.
Incluso en aquella ocasión disponían de un altavoz para publicitarse, vendían como churros los números de  la rifa a los numerosos incautos.
Mientras los “ganchos” actuaban, los “ojeadores” estaban al quite por si aparecía la autoridad…

Si asomaba la cabeza el americano, solo veía un numeroso grupo de personas admirando el cochazo (cosa que debía halagar su ego)…
Terminada la rifa Express en 15 minutos, daban al afortunado ganador las llaves del carro (que por supuesto no funcionaban) y unos papeles falsos de propiedad y se largaban con viento fresco en menos que se persigna un cura loco.
Ahí quedaba nuestro afortunado ganador tratando de arrancar el coche, momento en que hizo su aparición el americano dueño real del carro.
La trifulca que se montó entre el americano y el “afortunado” fue de las que hicieron época, pues el “afortunado” tenía parientes cercanos que se sumaron al lío…
Solo la presencia de la autoridad puso fin al follón.

Estos timos son unos clásicos de los que se hicieron películas de aquella época interpretadas por nuestros magníficos “secundarios” que para mí eran verdaderas primeras figuras, uno de mis favoritos era TONY LEBLANC “Los Tramposos” (1959) de Pedro Lazaga, y tantos otros de los nuestros que no quiero citar por no olvidarme ninguno de ellos...



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