martes, 19 de marzo de 2013

Los inicios (Génesis)



Mi ocupación actual (una de muchas) es la  maquetación de una autobiografía que escribí ya hace años (Génesis)  para poder verla en un libro electrónico, ya que la tengo en papel impreso y encuadernado…
Esta labor me lleva a releerla y estoy reencontrándome a mi mismo, una mezcla de sensaciones fluye por mi cabeza al leer los pensamientos y hechos que me acaecieron y la versión que me doy de ellos…
Me sorprendo de la candidez de muchos de ellos produciéndome una sonrisa inevitablemente…
No me resisto a compartir con vosotros (ya mi familia) un “tierno episodio” de mis primeros “pinitos” en lo que después, muchos años más tarde llegó a ser mi profesión, alcanzando un meritorio puesto en la electrónica más avanzada…
Puede que más adelante, (según avance en la maquetación) vuelva a compartir trozos de la autobiografía que aporten algo a “nuestra familia”.
Hoy os dejo este “cacho”, en el deseo que la saboreéis tanto como yo lo he hecho:

En el año del Señor de 1965 (aproximadamente)

…Todo empezó un tiempo atrás, cuando tuvimos que llamar a un radiotécnico a casa para que nos reparara la única radio que teníamos (se la regaló mi padre a mi madre por mi nacimiento allá por 1951), una visita que me marcó profundamente…
Entonces decidí que me dedicaría a la reparación electrónica, como lo lograría no lo sabía, pero lo iba a hacer.
Fue, poco tiempo después, cuando me apunté a unos cursos por correspondencia en la academia Radio Enseñanza… (Eran los más baratos, aunque había otros más prestigiosos como radio MAYMO, mucho más caros…)
Cuando llevaba tres meses, no sabia nada (Esto lo sé hoy) pero yo era muy atrevido… puse un cartel en la panadería, ofreciéndome para reparar radios a domicilio…
Tuve varios clientes (Esos si que eran atrevidos)… el primero de ellos en mi misma calle; me abre la puerta una señora, me identifico como el radio técnico (que orgulloso me sentía en ese momento), paso y me encuentro en una sala de estar, muy bien puesta con su mueble de madera buena barnizada, expositor de vajillas y abanicos… aunque estábamos en un barrio bajo, vivían en él gente que con sus trabajos estables y razonablemente bien pagados para la época (1965) … en definitiva el ambiente señalaba algo de bienestar económico…
Al lado del chifonier, mueble que toda casa que se preciara debía de poseer, estaba sentado un anciano que no me perdía de vista, su gesto delataba la poca confianza que depositaba en mi persona (yo tenía en aquel tiempo un aspecto mas juvenil todavía de los 15 años que ostentaba)…
Este aspecto no le infundía ninguna confianza al anciano…
Yo, adoptando una seriedad muy “profesional” me dispongo a examinar el aparato de radio, un modelo de algunos años, pero de tecnología avanzada para su época, disponía para su sintonía lo que entonces se llamaba “ojo mágico”, que no era sino una válvula electro luminiscente que se usaba para indicar la sintonía alcanzada, un artilugio prescindible, pero que le daba un aspecto singular que le permitía revalorizar el precio del susodicho radio…
De la manera que yo entendía que era mas “profesional” inicio un interrogatorio sobre los síntomas que habían observado en el radio…
No podían escuchar radio Madrid donde daban una radionovela muy famosa por aquel entonces (creo recordar que era Ama Rosa) ni a los Porretas, serie de mucho éxito popular, lo que resultaba un drama familiar insoportable, de ahí la urgencia del aviso…
Enterado del problema (en mis pensamientos creí intuir una fácil solución), me dispongo a abrir el aparato…
Con parsimonia estudiada, voy quitando los tornillos de la tapa trasera uno a uno… mientras voy observando la manera que tendré de quitar la tapa, pues desconocía el aparato (era el primero al que me enfrentaba), quito la tapa, que sale no sin dificultad… miro en el interior, está lleno de polvo y de dispositivos, alguno no lo identifico…  me concentro, y comienzo a barrer con una brocha el interior del mismo, sin sacar el chasis (pues dudo como hacerlo y si sabré volverlo a meter)…
La inquisidora mirada del anciano no se aparta ni un instante del aparato ni de mí… cosa que me está empezando a molestar.
Tomo una especie de lámpara portátil que he fabricado con restos de aparatos desguazados e ilumino el interior en espera de ver algo que no deba de estar allí…
¡Eureka!  Observo un objeto de forma irregular apoyado en el condensador variable que sirve para sintonizar las emisoras… no lo identifico, tomo unas pinzas y lo extraigo… ¡Medio filete de vaca se muestra en las puntas de mi pinza! Con el corazón que amenaza con salir del pecho, mantengo la serenidad, y conecto el radio a la red eléctrica… Los antiguos aparatos precisaban de unos segundos de calentamiento de las lámparas para empezar a funcionar… esos segundos fueron eternos… ¡Poco a poco fueron apareciendo sonidos… hasta que por fin sintonizo  Radio Madrid!

En años posteriores he tenido éxitos y placeres… pero ninguno se puede comparar con lo que sentía en aquel instante…

Al sonido del radio, hace su entrada en el salón la señora que me llamó, una niña de 10 años y otro chiquillo menor…
El anciano, permutó su gesto por otro de pasmo cuando contestando a la pregunta de la señora sobre la causa del problema, muestro el medio filete que estaba introducido en el radio receptor…
De manera automática, aplica una sonora bofetada a la niña que acababa de ser sorprendida al parecer en un “delito” de camuflaje de comida…

Familia feliz,  podrían seguir escuchando la radio novela, niña castigada por esconder en la radio el filete (yo para eso tenía gato ó perro), y yo con mis 12 pesetas ganadas muy bien y con mi ego en la estratosfera…

Este éxito me llevó a insistir en el intento de ser radio técnico…

Mi siguiente cliente se presentó en la persona del frutero (al que le hablaron bien de mí), tenía un pequeño radio que al rato de estar encendido se le distorsionaba la voz haciendo imposible su audición…

Por lo problemático del sitio del cliente opto por llevármelo a casa (también escamado por la actitud vigilante del anciano).

Comienzo por conectarlo, observo que es cierto, que según pasa el tiempo se vuelve imposible escuchar nada con claridad… en mi extrema ignorancia, deduzco que puede se el altavoz que esté flojo… intento apretarlo, se me resbala el destornillador… y acabo “apuñalando” el altavoz, con el resultado de que el cono de cartón queda sin tensión… disimulando la distorsión…
Lo vuelvo a montar y se lo llevo al frutero, sin decirle lo ocurrido, no le cobro pues solo ha sido un pequeño “ajuste”…

Pasadas unas semanas acompaño a mi madre a la compra, cuando entramos en la frutería, está funcionando la radio, ¡Pero metida dentro de un cubo!...

Me dice que así se escucha mejor… mis remordimientos me hacen ser imprudente y le pido la radio para estudiarla… me la llevo a casa y comienzo a estudiar el caso…
No sé por donde empezar, mi desconocimiento es grande y no veo la manera de enfocarlo…
Pienso con lógica, ¿Por qué al principio se oye bien y al rato comienza a empeorar?
Es como si se recalentara… me respondo.
Miro la radio… por dentro… por fuera… veo una letras y números en la tapa de atrás, 50 Hz 110 volt… tomo nota en un papel y me voy a una tienda donde compraba piezas de radio… le pregunto que significan esa cifras y letras,
 -Son la frecuencia de trabajo y la tensión de la red, me responden…
¿Significa que necesita 110 voltios…?
– claro me responden…
Si yo tengo 125 voltios… ¿Qué tengo que hacer?...
–Ponle una resistencia para que solo le entren 110 voltios…

De regreso a casa, sin haber preguntado como se calcula esa resistencia, me dispongo a realizar distintas pruebas hasta dar con la que quiero… lo hago de oído puesto que no dispongo de instrumentación para medir voltios (el coste del polímetro era inalcanzable por mi economía entonces)… por fin consigo una audición correcta… pasados unos días de prueba, y no observando variaciones, devuelvo el aparato, lo dejo a prueba y su cobro en la próxima vez que fuera a comprar…
Pasado un tiempo, cobro otras 12 pesetas y tan contentos…

Decido no tomar mas clientes de pago hasta no saber más, dedicándome a estudiar en los ratos libres después de trabajar…

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