jueves, 4 de abril de 2013

Inmersión en el tiempo



Estoy enfrascado en la revisión y maquetación de mi autobiografía desde 1969 que al mismo tiempo es la de la España de aquellos años.

Esta inmersión en la sociedad española de hace 44 años, está resultándome demoledora para mi psiquis…
Los acontecimientos que narro, que entonces no les encontraba explicación, hoy con el paso del tiempo, toman sentido y me ofrece la explicación a muchos de ellos, la exposición que la realidad  hace con el paso de la historia, se muestra implacable con los errores.

Lo que ahora hago y soy es producto de lo que hice en el pasado, esa es una verdad indiscutible, pues somos hijos de nuestras acciones o no acciones en el pasado.

Me he reencontrado con una sociedad en la que los protagonistas hoy, o están jubilados, o están muertos, o en el camino de ambas situaciones.
La sociedad se comportaba y se componía de los mismos elementos y comportamientos que hoy mismo.

Los corruptos ostentaban el poder en todos los niveles…
Los corruptibles estaban opositando…
Somos la misma sociedad hoy que la de ayer.

Mi comportamiento ayer era el mismo que hoy, confrontación con la corrupción, la bajeza moral inherente a muchos humanos y el nepotismo.

Hoy soy después de todos aquellos enfrentamientos, unos de mucho éxito y otras veces salí mal parado, como ese viejo perro de pelea, que está cubierto de heridas mal suturadas, las orejas mutiladas pero con los colmillos (ya retorcidos) aún capaces de dar una dentellada en los ijares…

44 años después, todavía no hemos sido capaces de corregir el rumbo.
La cobardía y el egoísmo son los causantes.
Hay ahora una conciencia ciudadana más sensible que por entonces ante la corrupción (quizás debido a la propia crisis que nos ha situado ante nuestra imagen real)
Caímos en la codicia del dinero fácil, y lo fácil siempre esconde una trampa…
Al socaire del dinero fácil y abundante, todos nos entregamos al consumismo desaforado en una sensación de eterno “paraíso”. Los ignorantes, codiciosos de falso bienestar se unieron a los administradores irresponsables del dinero público, los empresarios reconvirtieron el país en un inmenso lupanar de comisiones, corrompiéndose y corrompiendo a troche y moche.
Los fondos europeos (que algunos creían inacabables) sirvieron para el propósito del saqueo público.
La creencia en que mejor seríamos un país de servicio que de manufacturación, desertizó nuestro tejido productivo incluido el campo y la ganadería, llegando a ser un país dependiente del exterior…
Ahora ya no somos un país, somos una marca: “la marca España”, ergo los secesionistas quieren separarse de una marca, que no de un país.

Como sociedad, necesitamos reinventarnos.
Como yo mismo que me he tenido que reinventar a partir del cuerpo inicial, denostando el consumismo desaforado, siendo más autónomo y polivalente, con un renovado voto de radical anticorrupción.

Y sobre todo, un compromiso conmigo mismo, en ser como yo soy, un ciudadano militante en los valores positivos que como pueblo siempre hemos atesorado, aunque a veces lo hemos tenido que ocultar “por no ser muy popular”, es decir patriota de nuestros valores positivos y eternos, sin prestar oídos a los “cantos de sirena”.

La lucha será muy dura, algunos no veremos el final, pues la jubilación vital de muchos de nosotros está rondando implacable en su marcha…
Pero eso no importará, el futuro debe ser y  será nuestro.


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