viernes, 26 de abril de 2013

La tormenta perfecta




El suceso al que me he tenido que enfrentar, ha sido un accidente múltiple informático dentro de una  coincidencia en el tiempo con factores colaterales, que ha conformado una “tormenta perfecta”.

Este acontecimiento con consecuencias leves en mi patrimonio económico y no tan leves en otros aspectos, me ha hecho sacar importantes conclusiones.

Lo voy a compartir con vosotros, contaré el suceso real, pero lo contaré de manera intencionada como una parábola de vida puesto que me ha hecho reflexionar e incluso he tomado decisiones de calado en mi modo de vida.
A veces me saldré del objeto  concreto del suceso (el informático) para parecer que hablo de la vida misma (propia y nacional).

Estaba yo en mi “arcadia feliz” navegando (últimamente con ciertos problemas), ataques informáticos defendidos bravamente por mis muros y defensas…
Mi computador últimamente estaba lento en reaccionar, empecé a preocuparme por la cantidad enorme de documentos que tenía acumulados en su interior. Para ello implementé un protocolo de archivo de documentos en carpetas temáticas para su mejor gestión.
Ya solo disponía de 22Gb limpios para uso del sistema operativo, lo que lo limitaba bastante (y eso que la partición de fábrica de 74Gb la usaba como almacén de documento y fotografías asociadas).

El no hacer caso de las señales de alarma que suponían las lentitud del sistema, que se había vuelto no competitivo, el exceso de aplicaciones unas válidas otras no tanto, junto a la “desidia” del administrador en tomar serias medidas correctoras en el momento adecuado, pusieron en grave riesgo la integridad del sistema.
Como es sabido el ser humano, las sociedades en su conjunto, solo cuando están al borde mismo del cataclismo es cuando realmente se ponen a cambiar algo…

Como administrador del sistema, tenía la obligación de dejar mi zona de confort y tomar las medidas correctoras, pero los intereses particulares de las “necesidades” de las distintas aplicaciones, me lo impedían…

El resultado es que mi computador se había convertido en  un caos difícil de gobernar, improductivo con sus aplicaciones solapándose unas a otras, dándose el caso de duplicar e incluso cuadruplicar documentos y archivos con un mismo fin particular y todos ellos consumiendo recursos comunes.

Llegado el momento, colapsó y ya al borde de la catástrofe, el administrador (yo) tuvo que dejar la zona de confort y analizar la causa de la enfermedad que sufría mi computador.

En papel aparte, hago un esquema mental de todos los síntomas y errores que presentaba.
¿Qué tenían en común todos ellos?
Escribo:
Me conecto al servidor de internet (me da error) se registra en el servidor admitiendo la clave, pero no encuentra una red a la que conectar…
Me pongo en contacto con el distribuidor del servicio de Internet, le explico el problema, unos minutos después me contesta un ordenador que están realizando ajustes técnicos y que no me pueden atender.

Para relajarme del estrés que me produce los múltiples intentos de conexión con la red, “pincho” el sintonizador de TV y cuando se activa, no puedo ver TV solo puedo editar videos y fotografías (el sintonizador no aparece siquiera en el menú), vuelta a aumentar la frustración.

Han pasado 70 minutos de intentos y estudios de diagnóstico, me pongo a realizar la limpieza del baño como tarea evasiva…

Vuelvo con la sospecha de que mis servicios de seguridad, mi policía personal (antivirus) tiene un funcionamiento anómalo y boicotea todo intento, decido su reinstalación…

No se observa mejoría de la situación.

En mi papel tengo apuntados síntomas como imposible conexión a la red ¿Problemas del servidor?

No tengo sintonización de TV (pero si el resto)
¿Una aplicación puede perder parte de su programa?

Reinstalación del antivirus sin resultados y posterior análisis del sistema sin encontrar nada.
¿Puedo descartar la presencia de un virus?

En el visor de sucesos veo innumerables incidencias…
Ni la cámara web funciona, existe la aplicación y se activa, pero no se enciende la cámara…

A estas alturas ya tengo claro que el “computador” necesita medidas enérgicas, tajantes y drásticas, basta ya de parches, reparaciones y demás gaitas… Decidida la eliminación de todo el sistema operativo corrompido en múltiples partes importantes para el sistema, no lo hacen ya viable para la vida del computador. Solo queda con serenidad el decidir que elementos pueden perderse y cuales deben ser salvados.

Comienzo una migración de documentos que deben quedar a salvo del inminente proceso depurativo informático.

En una memoria extraíble (a modo de arca de Noé) voy pasando uno a uno cada documento, miro su validez y vigencia y lo pego en una carpeta en la memoria extraíble USB.

Dejo atrás todas las aplicaciones “corruptas”,  unas de poco uso y otras que ya no cumplen mis estándares minimalistas, esas sufrirán el exterminio del formateo final.

Recopilo los programas originales tanto del sistema operativo como de las aplicaciones que tendré que reimplantar, papel y lápiz y  me pongo a la tarea.

Asegurado tres veces que he salvado lo que deseaba, con un pellizco en el estómago envío al vacío de la nada informática 6 años de trabajos y aplicaciones conseguidas…

Tengo ante mí un computador nuevo (incluso he aprovechado la crisis para abrirlo y realizar una limpieza del sistema de refrigeración interior). Ahora reflexiono sobre lo que quiero que sea mi computador, cual debe de ser su sistema operativo, como tiene que estar organizado el disco duro, cuales deben ser las aplicaciones que le hagan productivo… Conozco el sistema operativo, funcionó bien antes de corromperse, decido darle una última oportunidad, si vuelve a fracasar, lo cambiaré por otro diferente. Respecto a las aplicaciones, instalaré las mismas (puesto que estoy ya habituado a ellas y funcionan bien) pero serán con archivos nuevos puesto que son una instalación nueva y los antiguos corrompidos fueron mandados a la nada informática.Las complementaré con nuevas aplicaciones, ya no serán las únicas que monopolicen el sistema, tendrán que competir en eficacia y fortaleza con las nuevas implementadas y siempre vigiladas muy de cerca por mi mismo. El disco ya no tendrá las particiones del principio (no han dado resultado su autonomía).El disco tendrá solo una unidad.Dispondrá de direcciones generales (documentos, imágenes etcétera, donde irán las carpetas temáticas, cada una con sus aplicaciones correspondientes (facilitando su control y supervisión, así como su posible eliminación o salvación). El minimalismo será la filosofía dominante junto con técnicas de productividad.

Comienzo la nueva etapa.

Tampoco está exenta de problemas, El sistema operativo corre como un caballo de carreras (claro que con la nueva disposición de una única unidad, dispone de 134Gb libres para “correr” programas de trabajo).

Personalizo con nuevos criterios las aplicaciones eliminando elementos más ornamentales que productivos.

Las aplicaciones que competirán contra el monopolio de las antiguas las bajo de portales legales de descargas gratuitas de confianza.

Estos “regalos” como todo, encierran su trampa.
En las descargas, está implícito que aceptas “paquetes” malamente especificados (con letra pequeña o con textura difusa) que te “invadirán el computador.

Cuando descargo e instalo una de ellas, me encuentro el computador invadido de iconos (muy atractivos visualmente) pero que no me aportan nada a mi minimalismo y productividad, más bien al contrario…

Decido desinstalarlo.

Aquí comienzan más problemas.
Para desinstalar tengo que aceptar (si o si) la instalación de algo que no identifico correctamente, intento hacer un copia  pega en el traductor de inglés,  no me permite copiar por estar el texto protegido…

Conclusión: 1ª prueba de la inconveniencia de instalar nada de ellos, la imposibilidad si no sabes inglés de hacer copia pega en un traductor.

Esto último me lo vuelvo a encontrar en otras aplicaciones descargadas de portales fiables y de confianza…

Mi policía antivirus, se vuelve loca con la cantidad de troyanos (en su jerga) que deja a su paso la desinstalación de las aplicaciones tramposas.


Logro por fin descargar unas aplicaciones e instalarlas de manera personalizada a mi gusto.
Comienzo a disfrutar de la navegación con mi “nuevo” computador.
Entro en mi blog, miro las estadísticas, y salta la sorpresa, la pantalla presenta sobre mi página de blog unas bandas de publicidad no solicitadas.

Desconecto todo, examino mi departamento policial por si también está corrompido (aunque es una nueva instalación con registro incluido) el antivirus no está corrompido, solo manipulado por las páginas intrusas.
Reviso los parámetros, activo los controles de  publicidad y todo arreglado.

Puedo por fin disponer de un computador (ya señero) con un sistema operativo “nuevo”  en sus criterios y organizativos con una unidad única puesto que las antiguas particiones resultaron dañinas para el funcionamiento colectivo

Los archivos viejos salvados del desastre, forman parte del patrimonio del almacén a modo de museo de historia colectiva en una unidad externa pendiente de su clasificación para formar parte de una permanente biblioteca temática personal en el soporte que me sea más útil para ese cometido.

Esta es la historia de una “tormenta perfecta” real, contada en clave nacional, desde la perspectiva personal mía, espero que sirva a los demás de enseñanza o de reflexión.


2 comentarios:

  1. ¡Vaya odisea!
    Un consejo: dale una oportunidad a Linux, no te arrepentirás.
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. Gracias amigo Luis José, lo he pensado...si me vuelve a molestar ya lo digo: Alternativa nueva y radical.
      Un abrazo

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