sábado, 29 de junio de 2013

Depuración y desapego.



La vida es un constante caminar, y en el caminar se nos quedan prendidas de nuestra humanidad cosas, unas tangibles y otras intangibles, todas ellas válidas en su momento o en venideros, lo ideal sería poder disponer de todas por si en el futuro nos son de utilidad (que no es lo mismo que rentables).
He indultado un reloj  (ver mi entrada anterior) que no me es imprescindible pero me está siendo muy útil (además de cómo símbolo) para visualizar rápidamente la hora, sin molestarme a la vista por haberse integrado con su pequeña y poco molesta presencia.
Pero no es el caso de otros objetos, que conformarían un enorme bagaje que nos ralentizaría la marcha constante de la vida, que son y deben ser el objeto de la depuración.
Dice Omar en Análisis realista.com


Pero eso solo es lo que “en ese momento o instante necesitamos” el problema es cuando lo volveremos a precisar, y con qué criterio lo hacemos: por la frecuencia o por la rentabilidad.
Para tratar de visualizar el proceso de acumulación semanal, suelo recurrir (dado lo barato que resulta la fotografía digital) a una fotografía del entorno. Una vez realizada, a la semana la visualizo de nuevo y la comparo con la realidad actual, depuro lo preciso y me interrogo sobre los motivos de la acumulación, generalmente se deben a procesos de pereza o mala productividad. La periodicidad semanal es porque la acumulación no es demasiado importante y se hace fácilmente, no sería lo mismo si la depuración es de mucho más tiempo, pues sería un empacho o atracón.

Por otro lado me alegro de no haberme desecho (por haber tenido quien me lo guardara) de algunas herramientas de mi pasado profesional, que presumo que me van a dar muchas satisfacciones  por su componente sentimental (que no plusvalías).

La alternativa si no las tuviera, hubiera sido el alquilarlas (pero no tendrían el componente añadido sentimental).
El minimalismo, estoy llegando a sospechar que no se percibe lo mismo si eres un viejo guerrero como yo, o eres una persona joven y con una presunción vital larga aún.

Los jóvenes se desprenden con enorme facilidad (al menos en España) de su vínculo con las operadoras telefónicas y sus cacharros tecnológicos.
Nada hay más “infiel” que un joven consumidor español, su desapego con su gachet tecnológico es asombroso, cambia de operadora y de teléfono por la más nimia novedad que se le ofrezca…

Por supuesto, no guarda “sentimentalismo” hacia el teléfono sustituido por el novedoso, mientras que yo guardo fidelidad hasta a los bolígrafos…
 Llego a veces a usarlos por turno para ser equitativo con todos, pues todos me gustan, y con todos he escrito cosas interesantes.
En definitiva, creo que les gano en “sentimentalismo,” sentimiento que a veces resulta contrario a los intereses minimalistas personales…

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