lunes, 3 de febrero de 2014

Confesiones minimalistas









 Me he sometido a una prueba de resistencia como ex consumista, durante treinta minutos de programa explícito, he escogido el punto débil de mi psiquis: la vivienda.


Las otras pruebas de consumo, me las hago como test de vez en cuando con buenos resultados, resisto con eficacia absoluta hasta a los programas de la “tele tienda” (ironía).
 
El programa se basaba en la visita a casas de arquitectos de renombre y otras personas de altísimo nivel económico.
Todas me han parecido excesivas en cuanto contenido (muy atractivos los muebles de diseño y las lujosas estancias).
Hablamos de 4000 metros cuadrados construidos, y otras de no menos de 1200 metros construidos y habitables; todas amuebladas con gusto (el del diseñador de turno), unas saturadas y otras de aspecto minimalista, pero solo en apariencia, pues en una misma planta hay  6 mesas de comedor, próximas unas a otras de diferentes estilos, zona de música, con unos impresionantes equipos de sonido y miles de horas de grabaciones y cientos de libros, forman lo que parece un micro mundo completo, incluso disponía de una pequeña sala de proyecciones cinematográficas, todo para dos habitantes que  usufructúan dos plantas y jardines con piscinas, se necesitarían varias vidas para disfrutar esas casas.
Me ha recordado a los palacios del siglo XVI, solo que en versión del siglo XXI.
Me figuro que les pasará a los “modernos príncipes”,  lo que a los antiguos moradores de los palacios, que solo habitaban una pequeña parte, dejando el resto para las fiestas de ostentación de su poder.
Al final me he dado cuenta de que el reportaje no era otra cosa que un vídeo de promoción de venta de una mansión, dedicada a aquellas personas que no disponen nada más que de dinero, y tienen que recurrir a un arquitecto que les construya una “vida” presuntamente feliz y cómoda.
Lo único positivo de esto, es que el arquitecto gana dinero y todos los colaboradores necesarios para el proyecto también, es la acción que saca provecho de un sentimiento malo: la soberbia.

Mi sueño (que es muy posible que nunca alcance), es una vivienda de planta baja, muy sólida: Hormigón y acero, auto abastecida de energía solar y eólica, integrada con el medio ambiente (que la haga invisible desde la distancia) con un techo vegetal del mismo entorno sobre la cubierta de acero y hormigón, dispondré además de animales autóctonos, incluidos caballo y burro, el control de alimañas a cargo de depredadores naturales: gallinas, gatos, etcétera, y árboles en su entorno.
Todo en la proporción en que una persona pueda atender y disfrutar eficientemente.

Sueño esas cosas, pero mientras, vivo en la realidad.
Esa realidad la quiero acercar lo más posible a mi sueño, tendré que prescindir de muchas cosas, pero lo básico lo tendré.
No tendré esa casa, pero podré disponer de otra muchísima más modesta y sostenible, las gallinas y el burro no lo descarto, todo dependerá del sitio donde me establezca, respecto a la energía, tendré que seguir siendo usuario conectado a las grandes compañías y puede que los árboles tengan que ser de la comunidad, pero igualmente los disfrutaré.
Los sueños se pueden hacer, o aproximar a la realidad, no debemos descartar nada, si a mí personalmente alguien venido del futuro, me hubiese dicho o mostrado lo que me iba a acaecer años más tarde, lo hubiera mandado a paseo por querer tomarme el pelo.
Cuando todo se vuelve oscuro, sin salida, es cuando no puedes caer en el desaliento, un solo paso (alguna vez dos al menos) bastan para ver la luz, después solo es perseverancia y constancia, de ese modo pasado un tiempo, miras desde donde te levantaste y entonces notas lo avanzado.
No podemos hacer comparaciones con la meta como referencia, desde donde estamos, es desde donde partimos hasta donde estamos lo que nos indica lo avanzado.

Nos esperan tiempos de escasez y precariedad. Debemos adoptar hábitos y criterios de prudencia, el minimalismo es una buena herramienta para conseguirlo.


4 comentarios:

  1. Creo que lo esencial de tu sueño no es el hormigón ni el acero

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    1. Gracias amigo, conozco (creo) lo esencial de mi sueño, pero me interesaría conocer tu interpretación, es bueno conocer como te interpretan los demás.
      Un abrazo

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  2. Pues yo creo que tu sueño es vivir simplemente de lo que dé la huerta. Quizás deberías ver qué hay disponible en los pueblos que tengas cerca y reformar una casita que ya exista. No necesitas más.

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    1. Amigo Miguel, suena bucólico, pero no sería posible, soy un incapaz para las labores agrícolas, he realizado pinitos forzado por las circunstancias donde me quedó claro que sería capaz de morir de hambre si tuviera que comer de lo que sembrara yo.
      Lo mío es la tecnología y el bricolaje respecto a la capacidad de generar plusvalías para vivir.
      Desde luego sería autosuficiente en todo el mantenimiento de la casa, pero el cultivo, eso es otro mundo para mí.
      Cuando me recluya en un pueblecito, tendré que recurrir al trueque o al comercio, las gallinas, sí soy capaz de cuidarlas sin explotarlas, pero serían mis guardianes anti alimañas principalmente.
      Solo sueño con mi integración en un pequeño colectivo casi autosuficiente y en comunión con la naturaleza.
      Y como decía Calderón:
      Yo sueño que estoy aquí
      destas prisiones cargado,
      y soñé que en otro estado
      más lisonjero me ví.
      ¿Qué es la vida? Un frenesí.
      ¿Qué es la vida? Una ilusión,
      una sombra, una ficción,
      y el mayor bien es pequeño:
      que toda la vida es sueño,
      y los sueños, sueños son.

      Un abrazo

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