jueves, 15 de mayo de 2014

Fe de vida 11


foto: https://plus.google.com/u/0/stream/circles/p429532358e377676




Hoy me he tropezado con un texto en  mi archivo de hace 17 años, pertenece a un sueño que tuve; como en anteriores veces os he comentado,  tengo sueños que me impactan vivamente, -este en concreto fue uno de ellos- aunque pertenece a sentimientos personales, releído, creo que le puede resultar interesante o curioso al menos a alguien (para él lo dedico) el resto tomároslo como un desahogo literario mío.
No fue profético, (pues sigo vivo) sí tuve un accidente de coche tres años más tarde, con siniestro del coche al quedarme dormido al volante sin consecuencias para mi integridad personal ni de nadie (salvo los vehículos, pero de eso se encargó el seguro); mi madre murió 6 meses más tarde de ese sueño, a causa de una enfermedad crónica.


Sueño que tuve el día 21/04/97
Cruzábamos una intersección, cuando dos coches se abalanzan sobre nosotros produciéndose un atropello.
Nos levantamos del "revolcón" arreglándonos la ropa.
- Vaya trastazo tío. (Le digo a mi acompañante)
- Si es verdad, pero no he sentido dolor ninguno.
- Esto me huele muy mal tío, (Le digo a mi acompañante mientras observo lo deteriorados que han quedado los vehículos accidentados).
- ¿Que quieres decir?
- ¿No notas  algo extraño? (le pregunto).
- Si, que no hay ruido en absoluto, pero eso no quiere decir nada.
¿Eso te parece normal? (le pregunto mientras le señalo a tres personas que acaban de traspasar un cierre metálico sin abrir).
- No desde luego.
-Creo tío que estamos muertos (le comento a mi acompañante).
- ¿Y ahora que hacemos?
- Yo que sé,  vamos para arriba como hace esta gente a ver que pasa  (nos encaminamos hacia una calle por la que circulan numerosas personas).

Al cabo del tiempo hemos llegado a un edificio donde penetramos, dentro de él hay bastantes personas haciendo cola en un mostrador donde una señorita da unas tabletas de color crema y un dedo de gordas por 10 centímetros de largas y 5 de anchas...
(Sé, sin poder explicar como lo sé, que cada tableta corresponde a un pecado).
Me llega el turno y la señorita me da una tableta y me indica que pase al otro lado.
El otro lado al que se refiere, es la otra acera de la calle, a la que hay que llegar a través de un tablón podrido, que salva un profundo y negro abismo, que en vez de calzada hay en ese sitio.
Al aproximarnos, mi acompañante y yo mismo con nuestras respectivas tabletas, el hombre de edad mediana y aspecto vulgar que pone orden en el pase por el tablón al otro lado a modo de portero, se dirige a  mi acompañante y le dice socarrón:
- Me parece que usted con tantas tabletas no pasará, se romperá el tablón y caerá.
Mi acompañante tiene una cara de terror enorme y un gesto muy apesadumbrado.
Yo le miro con profunda pena, mientras me fijo en los dos montones de tabletas que porta en las manos.
Me dirijo al señor que hace las veces de portero del tablón y le pregunto si el peso corporal influye en la rotura del tablón.
-Para nada (me contesta), solo pesan las tabletas.
Me dirijo a mi afligido acompañante, le tomo la mitad de sus tabletas e inicio el paso por el tablón, que afortunadamente no se rompe.
Ya en el otro lado le hago señas para que pase.
Nos encaminamos  hacia otro edificio donde tenemos que presentarnos.

Me encuentro en una ciudad, con sus vehículos,  kioscos de prensa y todo el equipamiento de una ciudad.
Ya no estoy con mi acompañante, parece que nuestros caminos se han separado.
Lo que sí noto es que ahora tengo un "Don" que antes no tenía, que es el de poder volar.
De momento disfruto de un permiso para poder volver a mi antigua casa.
Me encuentro mi casa llena de gente, en la que mi madre con muchas dificultades está sirviendo café a mis  familiares, mientras mi hermano estaba haciendo la cama de mi madre.
Consuelo a mi madre y le digo que no se preocupe, que cuando le toque morir, la estaré esperando y verá que bien  lo vamos a pasar; pasado un corto tiempo me vuelvo a donde vine.

Comienzo con mi  "misión" en el nuevo lugar (no se cual es).
Me encuentro practicando el nuevo "don" de volar.
Al principio son tremendos los fallos que cometo. Ya me tuerzo, ya doy con mis huesos en el suelo (sin daño físico), ya me llevo un kiosco de prensa  por delante.
Es verdaderamente difícil volar (me tengo que concentrar, abrir los brazos en cruz y concentrarme, es entonces cuando empiezo a levitar, lo de ir hacia la dirección elegida es tema aparte).
Lo que mejor hago es tirarme de un edificio y planear hasta el suelo, incluso realizar vuelos rasantes (cosa que en mi misión hago frecuentemente cuando tengo que salvar a algún niño, que al parecer son mi especialidad).

Esta ocupación me lleva toda la jornada en la que acabo extenuado, aunque el cansancio no es físico, pues en este nuevo estado el dolor y otras sensaciones no están presentes.

Al cabo de la jornada he luchado con bastantes "malandrines" y he desecho bastantes males, gracias al don de volar, los "malos" siempre se quedaban con dos cuartas de narices.
Ya de regreso a algún sitio con las facultades de volar algo mermadas paso a algunas situaciones algo confusas en mis recuerdos y por lo tanto de difícil explicación  por escrito pues son sensaciones muy profundas.




2 comentarios:

  1. Disfruté el relato un montón. Vívido, bien narrado, muy descriptivo y aleccionador, lleno de imágenes y de creencias metafísicas que se leen fácilmente entre líneas. Estoy llegando de una clase estupenda, con la que se inicia un taller acerca de la Experiencia Mística que facilita un gran poeta y amigo para creyentes y para quienes no lo somos. Así que me resultó fácil y realmente grato encontrarle el contenido místico a este sueño lúcido de mi apreciado Alberto Antonio. Que aún lo recuerde dice mucho de bueno. Abrazo.

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    1. Claramente a seres como tú iba dedicado; me alegra que disfrutaras y entendieras por qué me resultó impactante este sueño de hace 17 años ya.
      Lo del taller que mencionas parece muy interesante…
      Un gran abrazo amigo Gustavo.

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