viernes, 30 de mayo de 2014

Fe de vida 12







Es primavera, la naturaleza nos invita a la euforia, a la demasía las más de las veces, y la propia poesía del momento nos engaña, nos hace ver como acciones amorosas, acciones que no lo son, nuestros sentidos y secreciones hormonales, incentivados por la primavera nos traicionan.
Reflexiono esto mismo, mientras sentado en un banco del parque me lleno los pulmones con todas las sustancias propias de la primavera, y los demás sentidos entran en contacto con el entorno animal en plena ebullición.
Gorrioncillos en pleno cortejo nupcial, palomas que ya lo han conseguido tras un minúsculo orgasmo de 1,5 segundos de duración, dan lugar a estampas de amor de pareja a juicio de una dama vecina de banco, que se maravilla de lo fiel que es el palomo que no deja un segundo sola a la hembra, y medita en voz alta dirigiéndose al entorno, añorando que el hombre no tenga la misma actitud amorosa del palomo.
Le dono una sonrisa beatífica a la dama, y oculto mis conocimientos sobre estos hechos palominos, por no ser cruel con sus poéticos pensamientos, que aunque falsos, son lenitivos para su espíritu, al que no tengo derecho a perturbar en un interés pedagógico.
Conozco como actúa el palomo en esa circunstancia: Su afán no es amoroso, es solo un interés controlador, para asegurarse que los huevos que va a poner la hembra son fecundados por él y no por otro intruso, ya que la incubación le supondrá un esfuerzo hercúleo llevando alimento y bebida a la hembra que no se separará de los huevos, pues en caso de sospecha de infidelidad, no colaborará en la incubación, abandonado a la hembra que no podrá incubarlos, quedando los huevos abortados. De ahí su afán de control y vigilancia, que de ser un hombre sería reo de la ley por acoso.
Dejo a la dama en su ensimismamiento poético primaveral y bajo la mirada a la Biblia que estoy leyendo, abro por un sitio sin determinar, al criterio de la casualidad, me fijo en unos versos que hablan también de amor:
2 Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
3 Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
4 El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,
5 no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido,
6 no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
7 El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;
9 porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
También me dice palabras de amor, pero no de amor de primavera, ni hormonal, es AMOR con mayúsculas.
Me quedo meditando sobre este párrafo, ¿Soy capaz yo de tenerlo? ¿Lo he tenido alguna vez?
Miro a qué pertenece estos versos, es la 1ª carta a los Corintios capítulo 13…
Quedo sumido en un silencio externo y  un interior agitado por los conceptos expresados, novedosos en mi entendimiento.

4 comentarios:

  1. El amor pasa por el filtro inevitable de la racionalidad, que intenta desmenuzarlo, comprenderlo y controlarlo, y a través de la dimensión emocional o límbica de cada persona, hasta su nivel espiritual, de todos los presentes en la criatura humana el más trascendente. En eso consiste, para mí, la evolución y el sentido de todo aprendizaje desde el placer y el dolor en esta vida. ¡Abrazos, amigo! :)

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    1. Magnífica síntesis amigo Gustavo, Un abrazo grande :)

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  2. Cuanto daño ha eso esa concepción del amor. El amor es todo lo contrario egoísta y acaparador. Desea para sí a la persona amada. Como bien apuntas en el artículo hay una razón evolutiva para todo ello. Quizá nos gustaría que fuera de otra forma pero es así.

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    1. He experimentado todas las clases de amor, con mayúsculas, minúsculas, filiales, hormonales etcétera, de todas ellas, la que te hace verdaderamente feliz es la más trascendente de ellas, la espiritual, donde la carne interviene solo lo imprescindible, no como un fin, sino como un complemento humano.
      Muchos son los que pueden intentarlo, pero la mayoría se queda en un escalón inferior.
      Gracias por tu aportación amigo Ivan.

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