domingo, 15 de marzo de 2015

Proselitismo y marketing





Todos hemos mostrado en algún momento de nuestra vida un afán: “hacer proselitismo”, y lo solemos hacer -además de otras formas- por medio de ponernos una escarapela, un lazo e incluso una pegatina.
El dar testimonio públicamente -por ese medio- funciona, pero tiene unos efectos colaterales perversos: al ser una imagen de lo que publicitamos nosotros mismos conlleva una tremenda responsabilidad nuestra para con lo publicitado; -algo ya publiqué hace algún tiempo- en Símbolos y sentimientos 
En ese post argumentaba entre otras cosas:
Mi reflexión va en el sentimiento de un símbolo en lo personal y colectivo que lo manifieste públicamente y las servidumbres y grandezas que conllevan este hecho de manifestarlos con gran publicidad.
El soldado: sabemos que es militar por los símbolos que porta y que le obligan…
De tal forma le obligan, que toda acción reprobable que haga vestido con los símbolos militares, tendrán el agravante de deshonrar el uniforme.

El religioso: (de cualquier religión) que se comporte de forma reprobable vestido con los símbolos religiosos, no solo estará faltando a sus creencias, sino mancillando esa misma religión.

El ser humano, en nuestra debilidad carnal, no somos coherentes con nuestra espiritualidad, pues hacemos lo que odiamos y decimos lo que amamos.
-No siempre afortunadamente- pero las veces que lo hacemos, si portamos un símbolo en “nuestra personal campaña de proselitismo”, añadimos un delito más al cometido, que es el de escándalo público, y seremos culpables de que por nuestra incoherencia de comportamiento  nuestro símbolo publicitado sea causa de desmerecimiento y desprecio.
Por ese motivo, yo mismo me resisto a portar encima de mi persona ningún símbolo, no sea que mi comportamiento lo mancille por ser causa de escándalo.

¿Es necesario que ilustre con enlaces web, fotos etc, sobre lo que digo?
Creo que no, solo con entrar en twitter ya encuentras suficiente información de incoherencias sobre esto mismo, solo hay que mirarlo “sin orejeras sectarias”.

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