domingo, 24 de mayo de 2015

Papá, te compro una hora de tu tiempo.




Me contaron una historia el otro día, me gustó el mensaje pedagógico que contenía, os lo cuento ahora:
Es protagonista de esta historia, un padre y marido, pero podría ser una madre y esposa que también está muy ocupada, e incluso una familia monoparental (de la que ya van existiendo demasiadas).
Un hijo (igualmente podía ser una chiquilla, que para el caso es igual) iba ha realizar su primera comunión, el padre no pudo asistir, lo mismo que veces anteriores tampoco pudo asistir a eventos importantes para su hijo, siempre se excusaba porque tenía que trabajar ese día o momento.
Realmente era una persona muy ocupada, no era otro el motivo en este caso.

Un día, nuestro chiquillo se interesó por la cantidad que ganaba su padre en una hora, se lo preguntó a la hora de acostarse, el padre creyó que era un trabajo del colegio y le contestó que ganaba 40 € a la hora.

En sucesivos días, nuestro protagonista infantil, logró ahorrar de sus “pagas” y de algo de dinero que pidió prestado a sus abuelos 300 €, con ellos en la mano, esa noche al acostarse, cuando entró su padre a darle un beso de buenas noches, que era algo que hacía siempre que conseguía llegar a casa a la hora de acostarse ellos, le dijo que deseaba mucho que fuese con él al parque a jugar un poco con el balón. Su padre como siempre le encantó la idea, pero volvió a excusarse porque tenía trabajo que hacer.
Ante esta respuesta, el chiquillo le ofrece los 300 €.
-Toma papá, como vas a perder un día, te doy la paga que perderás ese día, pero pásalo conmigo en el parque jugando con el balón nuevo.

Lo que pasó después no me lo contaron, quiero suponer que el padre abrazó a su hijo llorando y lo besó mucho y repetidamente, que fueron a jugar, no solo ese día, sino muchos más y que se replanteó su propia forma de vida.
Por supuesto tendría que explicarle a su hijo que trabajaba no por la paga, sino como medio de ganar dinero para que la familia coma, se vista y tenga un sitio donde vivir.
Que su afán no es ganar dinero y posición social, sino que es el darles a la familia una calidad de vida buena.
Claro que se podría sorprender de que lo que él consideraba “calidad de vida” no era entendido igual por la familia.
El miércoles, 20-05-2015 Gaudium Press reprodujo una intervención del Papa Francisco en la audiencia general, Francisco dijo algo que me hizo pensar, mi primera sensación, no era que estuviera desacertado, ni que no llevara razón, era una sensación de que faltaba algo, o quizás otra perspectiva.

Lo primero que me llamó la atención fue que se refiriera como “auto-exilio” de los padres en la educación de sus hijos.
Creo que no es (al menos en la mayoría) un “auto-exilio”, sino un forzado exilio de esa educación.
Como reflejo en la historia que acabo de contar, el papá de nuestra criatura, no ha dimitido, es forzado por las “necesidades implantadas por el mundo” hipotecas y nivel de vida (entre otras) la que mantiene ocupados a ambos papás.
Ya he hecho algunas reflexiones al respecto en anteriores escritos en mi blog; me di hace tiempo cuenta de la trampa que le habían tendido a la familia.
Parece como si se quisiera que no se tenga tiempo de nada (el reflexionar, el estar con la familia, el crear día a día sociedad, y por supuesto no se tiene tiempo ni de pensar en Dios, pues se está absolutamente ocupado en asuntos del mundo), de esto último si somos culpables, hemos puesto por encima de lo único realmente verdad e importante, cosas temporales y vanas), parece que se puede considerar un éxito del culpable el haber conseguido que los papás tengan el corazón solo en los bienes temporales.
[El Papa no dejó de constatar una triste realidad, muy presente en nuestros días: "Para los padres que ven a los hijos sólo a la noche cuando regresan cansados a casa es difícil educar a los hijos"]
En este párrafo, Francisco reconoce el problema, no voy a corregirle en absolutamente en nada, en el resto de su intervención dice muchas cosas acertadas, pero  tropezará su buena voluntad con nuestra (a veces) estulticia.

Cada vez que lo pienso, creo que estoy acertado en mis análisis y en los remedios que apunto desde mis intervenciones, otra cosa es que logre hacerme entender, pues parece ser que además de “sobrecargados” están sordos y ciegos a la realidad.

Creo que como el papá de mi historia, debemos hacernos una reflexión al respecto, sin miedo, pues los niños entienden más de lo que nosotros sospechamos.

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