martes, 30 de junio de 2015

Gozo y paz




Me voy a permitir el extraer un par de párrafos de la encíclica  del papa Francisco que estoy leyendo con suma atención.
Tiene mucha sustancia, toca el meollo de los males de “nuestra casa común” que no por “temporal” no nos importa menos a los cristianos, nos incumbe tanto como a los que no creen, pues todos somos miembros de la misma comunidad humana.
Los párrafos están sacados del capitulo titulado “Gozo y paz” y es totalmente material para nosotros los minimalistas.


Gozo y paz
222.
La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo.

Es importante incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas, y también en la Biblia.
Se trata de la convicción de que « menos es más ».

La constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento.
En cambio, el hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal.

La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres.
223.
La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora.
No es menos vida, no es una baja intensidad sino todo lo contrario.
En realidad, quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple.
Así son capaces de disminuir las necesidades insatisfechas y reducen el cansancio y la obsesión.
Se puede necesitar poco y vivir mucho, sobre todo cuando se es capaz de desarrollar otros placeres y se encuentra satisfacción en los encuentros fraternos, en el servicio, en el despliegue de los carismas, en la música y el arte, en el contacto con la naturaleza, en la oración.

La felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida.


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