miércoles, 15 de julio de 2015

Misericordia





 
Paseando por el paseo del Prado en Madrid, observo algo singular: Un hombre de edad avanzada se agachaba con dificultad y vertía agua de una pequeña botella de plástico en una pequeña planta que intentaba sobrevivir en una hendidura entre la pared de granito y el granito de la acera que bordea el Museo Thyssen-Bornemisza; vano intento por lo exiguo y yermo terreno de labor, pero el hombre lo intentaba, parece ser que su cerebro empatizaba con la semilla germinada de un arbusto cercano. Me llamó la atención el estado psicológico que le llevaba a tener misericordia con ese brote de vida.


http://www.guiadeviaje.net/espana/imagenes/madrid-metro.jpg

Me monto en el metro de Madrid para desplazarme más rápido y al mismo tiempo huir del calor sofocante que nos asola en la superficie, la mirada se me fija en ese “resalte” del que disponen algunos vagones de metro (exactamente 4 por puerta) es una especie de respaldo, de un metro de altura por medio metro de ancho, tiene en la zona media una especie de asiento, inclinado 45º de manera que solo te permite apoyarte sin deja de estar de pié.


¿A que me recuerda esa forma?
Ya doy con ella, la memoria me retrotrae a mi niñez, ese mismo “artilugio”  lo vi en el coro de la catedral de mi ciudad natal, entro en internet y lo busco, lo encuentro y se llama “asiento de misericordia”.
Cuando bajo en mi estación, observo esos soportes de acero, son soportes a dos niveles que permiten estar apoyados pero no sentados (por cierto no los puedo usar ni esos ni los otros por su altura, pues parece que fueron diseñados para los parámetros de altura nacionales actualizados y yo estoy ya “descartado”) también deben llamarse “asiento de misericordia”.


Camino un poco, me encuentro con las nuevas paradas de autobús, a las que han dotado de un “artilugio” parecido, nadie nos lo explica, pero debe de ser el mismo concepto, al lado derecho/ izquierdo (según se mire) hay un soporte que ya identifico como un soporte de “misericordia”.



Ahora estoy reflexionando sobre ello, me he dado cuenta que no es baladí (dado quines tienen preferencia por su uso).
Me malicio que en su intención original, la creación en los transportes públicos de estos artefactos no es asunto que tenga que ver con la misericordia, pero como muchas veces en la vida, unos se proponen y otros disponen.

Termino mi periplo y entro en el Banco de España, el motivo no es otro que el hacer un favor a un inmigrante sin papeles, a quien le han dado algo de ropa en un acto de misericordia, y en un bolsillo de una chaqueta se encontró muy dobladito, un billete de 10.000 pesetas de 1986.
Desconoce nuestro sistema económico-monetario, el billete le parece importante, y por medio de un amigo común inmigrante (este con permiso ya) que ha aprendido español bastante eficientemente, me piden que si le hago el favor de cambiárselo por moneda en curso, la figura del rey y del príncipe les ha dado esperanza de que es algo valioso…
Acepto el encargo, y este es el por qué de mi estancia por primera vez en mi vida en el banco de España como usuario.
Salgo con 60 € y diez céntimos que habrá incrementado significativamente el regalo de misericordia inicial.

Como veréis, fue un día muy señalado y lleno de misericordia, hay otros acontecimientos de este día (también llenos de misericordia) pero esos los medito y los guardo en mi corazón.








 

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