sábado, 15 de agosto de 2015

Libertad y nuevas tecnologías.








Este verano un evento me ha llevado a volver a reflexionar sobre una actualidad que parece muy moderna, pero que ya observé y viví en la década de los años 80.
Quiero comenzar dejando claro que no considero nada perverso (o casi nada), que lo perverso es el uso que se haga de ello.

Todos estamos habituados a ver en nuestro entorno grupos humanos absortos en sus teléfonos inteligentes, a algunos aún nos llama la atención esto, incluso yo mismo he sido testigo de un accidente por estar absorto en el aparato y no advertir el peligro y hasta caer en él, afortunadamente solo hubo daños en la dignidad de la persona que se vio expuesta a “una caída cómica” ante la vista de los que no estábamos mirando “nuestro teléfono”.

Descartes & nuevas tecnologías = nuevo apartheid

Puede parecer dura esta ecuación, pero voy a explicarme:

1º vamos a definir que entiendo por apartheid, según la Wikipedia, el apartheid en teoría, consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el “desarrollo” y los clasificaba y los colocaba por razas: blancos, negros, chinos y otras razas.
En, o con las nuevas tecnologías, reproducimos el mismo efecto práctico: nos organizamos en “círculos” afines o grupos de discusión.
Con el efecto de acabar compartiendo solo con los círculos cerrados de nuestra “raza”, aunque sea una “raza” solo de afinidades, dándose el “descarte” de los otros, (como ejemplo el evento que me inspiró la reflexión).

Acuden a un evento diferentes personas de diferentes estatus sociales, culturales, edades y  diferente grado de parentesco, yendo desde el parentesco directo hasta el de la simple amistad de trabajo.

El evento permite franjas de tiempos de libre elección, y es cuando este heterogéneo grupo, se organiza según la voluntad del líder del momento, sin la previa planificación y consenso asambleario, partiendo de una premisa dada por el principal dirigente, acuerdan quedar a comer en un sitio determinado, con una concentración previa, a una hora prefijada, dado lo cual, cada uno va a su habitación a refrescarse y cambiarse de ropa.
Hasta aquí lo normal, pero surge el líder espontáneo (desconocido) que induce a un grupo próximo a saltarse la cita de la concentración prefijada, y el único sistema de actualización es el empleo de un  whatsApp.
Llega la hora de la concentración, surge el problema: “las personas que no disponen de whatsapp” no se enteran del cambio, mientras, los “guaseados” están en plena fiesta y comandan a un “sufrido” voluntario  que vaya a recoger como “coche escoba” a los descartados por el “guasap”.
Este hecho se reproduce varias veces durante las 72 horas siguientes del evento, variados cambios de programa, de sitios y de celebraciones (todos ellos “guaseados”), cuando un personaje, discrepa de los modos de comunicar los constantes cambios, dado que no dispone de “guasap” una persona (bien intencionada) replica con una candidez intolerable: “¿pero quién no tiene “guasap” hoy día? A la que se le tuvo que recordar que “hoy día” existen personas pobres, sin conocimientos ni tecnología, ni medios para disponer de ellos, y que no se les debe marginar por ello”.

En este caso en concreto, se produjo un “apartheid” por medios tecnológicos, donde los que no disponía de esa tecnología, quedaron marginados de las decisiones, consultas u opiniones al respecto, con una ausencia casi generalizada de empatía con los que no disponían de “guasap”.

¿Los apóstoles de hacer y practicar política con el uso de nuevas tecnologías tienen en cuenta este factor determinante, o ya descartan de antemano a esos “nuevos apestados tecnológicos”?

¿Para ser un “ciudadano homologado” y respetable, se tiene que estar en todas las redes, foros y herramientas novedosas, porque de lo contrario estarás marginándote?

Están abriendo una brecha tecnológica en nuestra sociedad, están creando un aparheid tecnológico que tendrá efectos perversos.

Pero aún llegaron a más, dentro de los “guaseados” crearon un círculo más íntimo, y desde ese “círculo” de iniciados se erigieron en tele manipuladores del resto, y los “comunes empezaron a sentir “el descarte” de los círculos “superiores”.

Vuelvo a reiterar que nada es perverso, es “el cómo lo hacemos, lo perverso”.

Este sistema de  “apartheid” tecnológico ya lo experimenté en los años 80, fue con los sistemas de mensajería electrónica.
Lo mismo que ahora, se le revistió de innovación con particularidades específicas que darían LIBERTAD y casi la felicidad inmediata a los usuarios.

Hoy son muchas las loas que se le hacen al nuevo sistema de mensajes, entonces también lo revestían bonito y muy útil.

En aquellos tiempos, nos reunió nuestro jefe de línea y nos dijo que nos donaba la compañía una nueva herramienta que nos haría más libres y felices como efecto colateral, que la compañía se había gastado una cantidad del presupuesto muy significativa para conseguir que nuestro departamento fuera moderno, puntero y eficaz, nos presentó con gran pasión un pequeño aparatito, negro y no más grande que una cajetilla de tabaco, tenía una pantallita que reproducía texto alfanumérico. 
Además, todo aquel que lo usase, dispondría de un incentivo económico importante como complemento salarial, con la única condición de mantenerlo en todo momento operativo.

Otra cosa que nos “vendieron” como un incentivo más, el poder estar en casa haciendo algún trabajo de oficina mientras no recibiéramos una llamada de aviso presencial.

Dado que el colectivo eran “soporte técnico” en clientes, la posibilidad de viajar eran grandes, por lo que siempre portaban una maleta con lo necesario, (les llamaban “pilotos” por lo que viajaban).

Solo una persona rechazó el aparatito, lo segregaron del equipo y pasó a formar parte del laboratorio.
Como pareció que les pilló con el pié cambiado, el jefe de línea volvió de nuevo en otra reunión, esta vez avisó que no se admitirían más rechazos, que el que lo hiciera pasaría voluntariamente a “disposición de RRHH”.
Al año siguiente, quitaron el incentivo económico por usarlo.

Tras una breve “luna de miel”, los usuarios del aparatito, ya no estaban tan felices de “haberse conocido”, ese sistema de mensajería resultó una cadena esclavizante.

WhatsApp es una ilusión también, creen las cabalgaduras que son ellas las que llevan las riendas. 
Una de las maneras de esclavizar al pueblo es hacerlo dependiente de la herramienta “guasap”.
Hasta tal punto es de este modo, que su ausencia produce terror y ataques de histeria su mal funcionamiento o la ausencia de señal.

 Ya me apercibí del fenómeno “guasap” y escribí una pequeña entrada de “guasa” a cuenta de la que se armó con el famoso ·tic” azul de mensaje  recibido y leído, para leer esta entrada
Decía: “se ha montado la “parva” por la iniciativa de Whatsapp del doble check azul.
Esta iniciativa, que ha sido calificada por encuestas callejeras de intromisión en lo privado. Lo que les ha “jodido” es que se les cae el velo de la falsedad e hipocresía, ya no podrán decir: “Pues no me ha llegado” o “No lo he leído” con lo que se les verá claramente los ninguneos.”


Tuve claro que a la compañía le movió un motivo económico muy fundado, que fue muy rentable el sistema implantado no tuve duda ninguna, dispusieron de un colectivo totalmente operativo y cumpliendo el lema  “Just in time” gracias a la mensajería usada, tuvo un coste y unas plusvalías, Whatsapp  tiene un coste que lo soporta la compañía, ninguno aparentemente el usuario, ¿Hay plusvalías? ¿Cuáles son y quién las aprovecha?
El tiempo me lo dirá, pues ahora no las veo, sí veo de manera clara que con la antigua mensajería usaron el poder coercitivo de los RRHH y la demanda y oferta de empleo, pero con Whastapp solo percibo la total y absoluta dependencia hacia esas nuevas tecnologías, cuya dependencia en no pocos casos son ya casi irreversibles, ¿Será el aprovechamiento de esa adicción las plusvalías buscadas?

¿Qué fue os preguntareis, de aquel colectivo, poseedores de la cadena electrónica?

Os lo puedo contar, pues el “maestro” tiempo me lo ha mostrado: La compañía dio un nuevo paso adelante, ya no le eran rentables las estructuras montadas, le seguían siendo necesarios los “soportes técnicos”, les cedió estructuras y los servicios a clientes finales, convirtiéndolos en lo que ahora se llama “falsos autónomos” a los mencionados colectivos, siendo éstos los que se pagan sus impuestos y seguros sociales, siguen atendiendo los soportes de la compañía, pero ya con los gastos por su cuenta, recibiendo pagos por servicios prestados sujetos al criterio cambiante de los clientes y de la propia compañía.

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