viernes, 22 de abril de 2016

10 bolígrafos.








Tenía yo entonces nueve años de edad, comenzamos un nuevo curso escolar en el colegio público, iba yo equipado con una cartera mochila de espalda de cartón, un plumier de madera (que aún conservo con todo su aroma a mi escuela de primaria) que contenía un palillero, un plumín, un pizarrín de yeso, un lapicero de mina de grafito, una goma de borrar Milán y un lápiz de tinta (acuarelable).

Un vecino de pupitre sacó un moderno bolígrafo Bic todos nos arremolinamos alrededor para ver “esa novedad tecnológica”.
Todos ansiábamos tener uno igual, y no la molesta pluma de plumín que a cada instante teníamos que mojar en el tintero comunal y que no pocas veces nuestra impericia no hacía echar un borrón (gran drama por aquel tiempo).
Tiempos de inventos y novedades aquellos años de los 50 del pasado siglo; pronto, un hijo de emigrante que regresó al que llamábamos el “belga”, pues nos parecía muy exóticas sus costumbres raras que por lo visto allí eran cosa normal, trajo para sobresalir por encima del “niño del Bic” una pluma estilográfica que se cargaba con un émbolo como las jeringas de las inyecciones…
Pronto el maestro en un alarde de igualitarismo social prohibió el uso de ambos medios de escritura hasta (según sus palabras) que todos no pudiésemos disponer de ellas (sic).

Año 2016, hoy dispongo en un bote para mi disposición, 10 bolígrafos, todos magníficos y de origen diverso, cuento entre ellos varias nacionalidades, y son procedentes de regalos de una persona que me quiere que viaja (al que le tengo prohibido que se gaste nada en mi persona) quien no se resiste a traerme bolígrafos exquisitamente elegidos entre los de precio bajo, pero que escriban bien tirando a muy bien.

Esto me ha generado un problema, deseo usarlos todos, pero es imposible hacerlo, he tenido que establecer turno entre ellos.

No puedo donarlos, al ser un regalo no puedo ni deseo hacer el desprecio a quien me quiere, y esto me perturba.
Ya sé que alguien pensará “este tío es tonto” o “vive demasiado desocupado si eso es lo que le perturba” “mil preocupaciones le deberían de venir para que no se perturbara por cosa tan nimia”

Es que la vida es “un tango” que diría el poeta…
Cuando éramos niños nos perturbaba el no tener el bolígrafo Bic y hoy el no poder usarlos todos frenéticamente (a veces creo que el ser humano ha nacido para agobiarse).
Aunque realmente solo los uso para tomar notas, pues cuando escribo lo hago en el ordenador, luego no debería perturbarme nada de eso. No contento con “esa complicación” mi edad me hace recordar pasadas experiencias, y ahora me ha dado por escribir con palillero y pluma, lo hago poco pero lo  hago.

Pensándolo bien, si solo son esas nimiedades las que me agobian, es que o me he quedado sin sensibilidad social o que he llegado a un estadio mental  determinado.
Más bien lo segundo creo…

Otro día hablaré sobre ello.

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