lunes, 9 de mayo de 2016

Vida y minimalismo.



He leído un relato de Tomás Moro donde un capítulo contiene una argumentación sobre un hecho de los Evangelios, que es todo un alegato minimalista.

No me ha sorprendido demasiado (pues ya he dado con algunos dichos que se pueden catalogar como minimalistas, incluso al mismo Papa Francisco).

Hace tiempo me preguntaba el por qué no mencionan (ni de pasada) el minimalismo, creo que ya he encontrado explicación a ese fenómeno.

En nuestra sociedad de consumo, en la civilizada sociedad de la abundancia, podemos vivir libremente como minimalista o como consumista, las dos maneras tienen consecuencias para el individuo, y a las dos maneras de enfrentar la forma de vivir, se va desde distintos caminos.

Los hay que eligen ser minimalistas o consumistas de manera libre, otros en cambio, son forzados a ello (es mi caso, por eso me auto titulo minimalista sobrevenido).

En la sociedad están los “transcendentes” y los que no creen en nada más allá de esta vida.
Ambos pueden ser minimalistas, tienen puntos comunes aunque no los mismos motivos finalistas, y sí sus efectos sobre el individuo.

El “trascendente” vive por ejemplo de manera austera, sin apegos y quiere evangelizar con su ejemplo.

El simple minimalista, solo desea un modo de vida sin desear dar ejemplo de ello, pero si hace publicidad de ello, si quiere expandir ese modo de vida, se está acercando (aunque no lo sepa) al “trascendente”. Ello indicaría un interés en expandir la bondad del minimalismo, en un intento de mejorar el mundo, no solo así mismo, sin esperar una finalidad extra temporal para los humanos, pero esto es en sí mismo una forma de “trascendencia”.

Por ejemplo, los cristianos a través de su fe, aportan hábitos que le liberan de los yugos a los que “la sociedad del consumismo” les unce.

El simple minimalismo aporta lo mismo, solo que sin beneficios en la otra vida por seguir el camino correcto, aunque los beneficios en ésta vida si son cercanos a ambos al practicar los hábitos de la mesura, la austeridad, y el desapego a las cosas materiales en exceso.

En definitiva, el cristiano espera trascender a la otra vida, y el minimalista simple solo el “aquí y ahora”, entiende esta filosofía de vida como un medio de transitar o sobrevivir en una sociedad consumista, generalmente no pretende cambiarla, entre otras cosas porque lo cree imposible.

En los cristianos es la fe la que les da fuerzas, mientras que al simple minimalista solo es  su fuerza de voluntad.
El problema de depender de la fuerza de voluntad sin el refuerzo de la fe, es que se le hace más difícil lograrlo.

Como ejemplo, lo tengo en un proyecto que llevé a cabo en la Comunidad minimalista donde la falta de fe impidió que el “descartado” solo con su fuerza de voluntad fracasara estrepitosamente.
 
Yo por ejemplo, alcancé cierto nivel espoleado por la necesidad y la precariedad del momento.
Pero solo con la autosuficiencia sé que no bastaba, y que iría al fracaso seguro.

Empecé siendo autosuficiente, al poco tiempo me convertí en “trancendente” y constaté claramente como mi fuerza de voluntad crecía exponencialmente.

Puedo dar normas o decir cosas minimalistas, pero cómo convertirte en transcendente, eso no puedo decirlo.
Estoy estudiando cómo  y cuando llegué a serlo (de manera exacta), cómo fue el proceso mío, (lo llevo bastante avanzado, pero aún estoy en su estudio).

El texto que menciono al principio de Tomás Moro, en un contexto determinado dice:
(…) así como un hombre barrigón, hecho torpe y lento por el peso de la tripa, o un hombre que lleva consigo una pesada carga de ropajes y vestidos, difícilmente está en condiciones de correr con rapidez, de la misma manera el hombre con un cinto de bolsas repletas de dinero, muy difícilmente podrá escapar cuando caigan súbitamente sobre él las angustias y los pesares. Ni podrá correr muy de prisa o ir muy lejos si los vestidos que lleva, aunque sean ligeros, están tan atados y apretados que no puede respirar con comodidad. Con más facilidad podrá escapar el que, aunque lleve muchos ropajes, puede desprenderse de ellos en un momento, que otro hombre que lleve muy pocos, pero tan apretadamente atados que haya de arrastrarlos consigo dondequiera que vaya. (…)Tienen muchos vestidos, pero no están estrechamente "apegados" y así, cuando el peligro les lleva a huir lo hacen con toda facilidad, simplemente arrojando los vestidos. (…) que tienen cosas y vestidos de muy poca calidad, pero que, sin embargo, tan apegados se encuentran a esas sus pobres riquezas, que más fácilmente se les podría arrancar la piel de su cuerpo que separarlos de sus posesiones. Un hombre así haría mejor en darse a la fuga con tiempo, pues, en cuanto alguien le coja por la vestimenta, preferirá morir antes que abandonar la túnica.
En fin, aprendemos del ejemplo de este muchacho que hemos de estar siempre preparados ante las contrariedades y dificultades que se presentan de improviso y que pueden hacer necesaria la huida; nos enseña, sin duda, que para estar preparados no es bueno estar cargado con muchos vestidos, ni tan apretujados y abrochados a uno solo que, cuando la ocasión lo urja, nos sea casi imposible arrojar la tela y escapar desnudos.

Como vemos, son consejos para sobrevivir en las adversidades, lo que los dichos populares dicen: “ligeros de equipaje” sin ataduras ni yugos que os unzan a pesadas cargas.

En mi caso, me ha servido para afrontar las “adversidades” propias  y como entrenamiento para las venideras, que ya me pillan en buena forma para afrontarlas.

En un enlace aparte pongo el capítulo de donde saqué el texto de Tomás Moro para el que tenga curiosidad del contexto de esos párrafos.


   

2 comentarios:

  1. Quería felicitarle por su blog, al que he descubierto recientemente. Gracias por compartir sus pensamientos y vicisitudes y animarnos con su entereza para afrontar la vida. Se que no se suele comentar en los blogs, pero quiero decirle que aquí ando leyéndole, ordenadamente desde su primera entrada hasta hoy, porque no quiero perderme nada de lo publicado. Un abrazo grande.
    Cloe.

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  2. Antes que nada quiero darle las gracias por escribirme, cosa que efectivamente la gente se resiste hacer, por eso mismo las que os decidís a hacerlo tenéis para mí un gran valor.

    Comparto con todos vosotros mis “cosas” en un afán de ser útil a la humanidad, pues aunque nadie escarmienta en cabeza ajena, mi testimonio puede ayudar o ser útil a alguien, y eso ya es mucho para mí.

    Un último ruego, tutéeme por favor, eso me da mas cercanía, y máxime con una persona que gusta de leer todos mis escritos, que juntos conforman ya todo un libro.

    He estado admirando sus obras en el perfil de G+ y son de una entidad enorme, un trabajo de recopilación enciclopédico, la pongo en mi perfil de G+ para seguir sus publicaciones y noticias.

    También para usted un enorme abrazo de mi parte, espero no defraudar sus expectativas.

    Alberto Antonio

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