viernes, 17 de junio de 2016

Nieblas de pesimismo.



Se viene haciendo mucha crítica desde todos lados a la acumulación de cosas (incluido el dinero, que llamamos “tesoro”), pero quiero matizar algo a favor de los “acumuladores”.
Una de las críticas que se les hace es el acusarles de avaricia, cuando esto es un síntoma de un descontrol, no es justo en muchos casos, bastántes más de lo que se dice, casi diría que es mayoritaria.
Los “acumuladores” manifiestan no avaricia, lo que manifiestan es una absoluta falta de fe o de confianza si se prefiere, en que en un futuro de escasez, haya alguien de arriba o de abajo que le provea, por esa misma razón acumula en los tiempos de sus vacas “gordas”.

Esa misma razón que le lleva a acumular se convierte en un error al apegarse en exceso a la vida, algo finito, y en algunos casos, una vida digna de finalizar.
Si has acumulado en exceso, cuando esa vida pasa al estado de no ser digna de vivir, el dolor es mayor por la pérdida de lo acumulado[1], que se manifiesta como una muestra comprobable del error cometido.
Podemos decir: ¡Afortunados los pobres, porque eso no lo sufrirán!

Pues el pobre no ha tenido esos afanes, ni se le acusará de avaro con “sus tesoros”.
Alguien sabio y poderoso dijo:

[Emprendí grandes obras: me construí mansiones y planté viñedos; me hice jardines y parques, y planté allí toda clase de árboles frutales; me fabriqué cisternas, para regar el bosque donde crecían los árboles; compré esclavos y esclavas, y algunos me nacieron en casa; poseí también ganado en abundancia, más que todos mis predecesores en Jerusalén.
Amontoné además plata y oro, y tesoros dignos de reyes y de provincias; me conseguí cantores y cantoras, y muchas mujeres hermosas, que son la delicia de los hombres.
Llegué a ser tan grande, que superé a todos mis predecesores en Jerusalén. Sin embargo, la sabiduría permanecía siempre conmigo.
No negué a mis ojos nada de lo que pedían, ni privé a mi corazón de ningún placer; mi corazón se alegraba de todo mi trabajo, y este era el premio de todo mi esfuerzo.

Pero luego dirigí mi atención a todas las obras que habían hecho mis manos y a todo el esfuerzo que me había empeñado en realizar, y vi  que todo es vanidad y correr tras el viento: ¡no se obtiene ningún provecho bajo el sol!]


Yo me pregunté: ¿Hay una forma sabia de vivir?
Seguro que sí.
Yo encontré el minimalismo, de acuerdo, fue de manera “sobrevenida”, es decir de forma forzosa, obligado por la precariedad del momento socio-económico al que me vi expulsado…
Ahora constato que otros hace milenios ya lo descubrieron, aunque lo llamaban de otra manera, pero si esa filosofía.
Vivo minimalismo, y constato que no estorba a mi nueva espiritualidad.
Aunque vea acertadas las reflexiones del sabio Qohélet:

[Entonces volví mis ojos hacia la sabiduría, hacia la locura y la insensatez. Porque ¿qué hará el sucesor del rey? Lo mismo que ya se había hecho antes.

Y vi que la sabiduría aventaja a la insensatez, como la luz a las tinieblas: el sabio tiene los ojos bien puestos, mientras que el necio camina en tinieblas. Pero yo sé también que a los dos les espera la misma suerte. Y me dije a mí mismo: si la suerte del necio será también la mía, ¿para qué, entonces, me hice más sabio? Y pensé que también esto es vanidad.

Porque no perdurará el recuerdo ni del sabio ni del necio: con el paso de los días, todo cae en el olvido. Así es: ¡el sabio muere igual que el necio!
Y llegué a detestar la vida, porque me da fastidio todo lo que se hace bajo el sol. Sí, todo es vanidad y correr tras el viento.

Y también detesté todo el esfuerzo que había realizado bajo el sol, y que tendré que dejar al que venga después de mí.
¿Y quién sabe si él será sabio o necio? Pero será el dueño de lo que yo he conseguido con esfuerzo y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.
Y llegué a desesperar de todo el esfuerzo que había realizado bajo el sol.
Porque un hombre que ha trabajado con sabiduría, con ciencia y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo. También esto es vanidad y una grave desgracia.
¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?
Porque todos sus días son penosos, y su ocupación, un sufrimiento; ni siquiera de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.
Lo único bueno para el hombre es comer y beber, y pasarla bien en medio de su trabajo. Yo vi que también esto viene de la mano de Dios.
Porque ¿quién podría comer o gozar si no es gracias a él?
Porque al que es de su agrado él le da sabiduría, ciencia y alegría; al pecador, en cambio, lo ocupa en amontonar y atesorar para dárselo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y correr tras el viento.]






[1] Salvo que venga en tu auxilio una enfermedad que te impida darte cuenta.

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