miércoles, 25 de enero de 2017

La avenida del colesterol.


Bajo este nombre la conocen los lugareños, su nombre oficial es: Avenida de Luís Aragonés y está al  lado del estadio Olímpico permutado al Atlético de Madrid por su Ayuntamiento.
Avenida (de momento fea), la orillan por un lado los talleres de Metro y por el otro lado el estadio olímpico llamado “La Peineta” por parecer una “peineta” (ese artefacto que llevaban las mujeres españolas en otras épocas) y por los esqueletos de edificios en construcción, sus grúas y los aparcamientos improvisados de las gentes de la obra.
Por lo anteriormente descrito no es bello, hoy mi crónica va por los afectados (presuntamente)  por el colesterol.
Muchas personas, salvo los naturales aficionados a la bici y a correr, se entre mezclan con ellos los “afectados” por el colesterol ¿? O más bien por el miedo a morir…
-¡Cómprese una buenas zapatillas y ande 10 kilómetros seguidos! (Además de seguir las otras instrucciones).
Esta frase se ha convertido en la frase clásica del galeno.
Asombra ver a mis paisanos (de todas las edades) "castigarse los cartílagos” de esa forma.
La gimnasia y el ejercicio es sólo del humano, pues nadie ha visto nunca (salvo el Hámster  -y porque está encerrado-) hacerlo de motu propio.
Para “castigarse los cartílagos” de esa manera se precisan al menos tres condiciones:
·        Tener salud para ello.
·        Creer en los médicos.
·        Creer en que aporta algo.
Sin estas tres condiciones nada es posible. Constato una vez más, que soy minoría, no corro, ni hago ejercicio, y además me parece que es un tontería que nada aporta.
No ahora que estoy mayor, si no que pensaba lo mismo cuando era mozo.
Sólo hacía ejercicio cuando estaba en el ejército, pero  era para matar más eficientemente.

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