Contrastes.
Como ya me es habitual, la vida me enseña con ejemplos la filosofía del vivir. Hoy circulando por Madrid he recibido otra lección de ejemplos de vida dada por un animal, un “peludo” de cuatro patas y de aspecto fiero –de raza boxer- y un padre en la 4ª década de su vida, -guía de su retoño – que iban ambos en sendas bicicletas. Comienzo por la del padre “guía”: Circulo por una avenida casi desierta de cuatro carriles (dos para cada dirección), me aproximo a un paso de peatones (“cebra”) y observo que por la acera de la izquierda van dos ciclistas (el padre y su retoño), no parece que nada indique que vayan a cambiar de dirección, cuando repentinamente se lanzan a cruzar el paso de peatones sin poner pié a tierra como es preceptivo –puesto que si van montados son un vehículo, mientras que si van a pié son peatones- justo en ese momento comienzo a cruzar a reducida velocidad el paso en el tercer carril de distancia de ellos, cuando soy amonesta...