domingo, 19 de marzo de 2017

Consolidando posición (continuación)



Como una página en blanco (aunque con anotaciones al margen pertenecientes al pasado), se presenta ante mi persona esta nueva etapa, miro para atrás (para ver lo avanzado) y compruebo que salgo de un periodo de diez años de lavar a  mano (no disponía de lavadora).

Es la 1ª vez que estreno casa en toda mi vida, pues siempre ha sido de otra persona primero, (es una situación novedosa para mí a mis años).

He tirado ó donado una cantidad enorme de cosas (¡que alivio se siente!), sigo depurando de forma constante y tenaz, pues mi inclinación natural al apego es enorme (me estoy dando perfectamente cuenta de ello).
El episodio de salud que he sufrido, me ha hecho reflexionar bastante sobre ello.
¿Para qué tanto apego a cosas que cuando faltes tú, a nadie importa?

Pretendo como ya he dicho, quedarme con lo que uso, necesito y considero que AÑADE valor a mi vida, lo contrario lo descarto.

Ni siquiera los recuerdos, los conocimientos alcanzados son permanentes, un evento te puede borrar la memoria, y ya nada tiene validez.
He roto hasta diplomas alcanzados, muchos de ellos (que le dí en mi soberbia valor), ahora veo que no la tenían (incluso me avergonzaban).
Trato de comenzar con “conciencia nueva” sin soberbia ni falsos “dioses”, pues siento que es una nueva oportunidad que tengo.

Sigo trabajando, sin molicie, en el “destrastear” de cosas que ya no me aportan.
Mientras, me adapto a la nueva situación en previsión de la próxima.

lunes, 13 de marzo de 2017

Consolidando posición.

He logrado eliminar multitud de cosas en mi nueva migración, me lo he tomado como si fuera la bandeja de “entrada de mi vida”, y como tal la he usado: He clasificado, guardado o mandado a la papelera de reciclaje,  todo lo que no me servía en la nueva versión de vida.

¿Puede un minimalista empezar de cero?

Naturalmente que sí, no sólo puede, sino que debe. Yo he aprovechado para hacerlo, con bien y mejorar, pues no tiene sentido cambiar si no se mejora.

He tomado la precaución de fotografiar o escanear todo lo eliminable, lo guardo en mi disco duro, en la “nube” y lo comparto con mi hermano (pues es coheredero) de mis recuerdos.

Me traslado con dos tableros, cuatro “burriquetas” un frigo nuevo y dos sillas, junto con dos aparatos para la supervivencia: un sencillo y eficiente ventilador (recogido del “descarte vecinal”) y un pequeño calefactor eléctrico.
Me he comprado cuatro cajas de madera que he ensamblado en su conjunto con tornillería, para un mejor traslado en la próxima migración (que ha de ser sencilla y minimalista).

Aún considero que sigo teniendo muchas anclas “emocionales”, pues mi depuración no ha podido ser completa ó al menos lo que yo deseaba (por la premura del tiempo,pero continuaré en el futuro).

Mi adaptación a la nueva situación es pesada, nuevo barrio, nuevas caras que conocer y un entorno por descubrir.

Se puede decir que mi traslado está consolidado al 98%, pero faltan flecos por atar.
Seguire...

domingo, 5 de marzo de 2017

Fin de la migración

Buenos días, buenas tardes y buenas noches a todos mis amigos.
Resurjo de mis cenizas como aquel Ave Fénix, he logrado con la ayuda de Dios la migración en un tiempo récord, ha durado una semana.

Superado sin ayuda terrena el micro ictus, y una vez acudido al médico, me pongo a dieta severa: sin azúcar, sin sal y sin grasas.

Con la ayuda de la química, he conseguido una tensión buena, y al mismo tiempo, con el ánimo ya lentamente restablecido, comienzo  la búsqueda.

Pocos, escasas y lejos, quedan las viviendas en esta ciudad. Un constructor termina un loft, y va a la inmobiliaria.

Coincidiendo en el tiempo, un agente comercial llama a mi telefonillo, (me apura hablar con la gente sin mirarle a los ojos),  le invito que suba a mi piso, sube y me pregunta si sé de una casa que se quiera vender o alquilar.
Le respondo que no, pero le digo el que está buscando una, soy yo.
¿Qué idea tiene de lo que necesita?
Se lo digo: Una pequeña, bonita,comunicada y de xxx € máximo.
Por el entorno no hay, pero haré unas búsquedas en internet y se las doy (me responde).
Cumple lo prometido y me pide que si queda vacío el piso, le ponga en contacto con el dueño del mismo.
Lo prometo así mismo yo.
No pasan dos días, cuando recibo una llamada:
¡Alberto, acaba de entrar una vivienda que creo que es óptima para sus deseos! ¿Puede venir a verla, aún no la hemos subido a la red, va a ser usted el primero?
Bajo al momento a la calle, entro y me manda con un compañero a verla.

Me enamoró al momento, fue un flechazo a primera vista, con el agente comercial, me dirijo a un cajero y saco la señal de reserva y se la doy en la oficina.
Más tarde formalizamos y doy comienzo a la mudanza:
Contactar con una empresa para que deje vacío del todo el piso, me traslade las pocas cosas a mi nueva vivienda y tire lo descartado.
Dicho así parece cosa de poca monta, pero lo comparo con “un parto”.

Y heme aquí, adaptándome al nuevo sitio, con nuevos criterios y más calidad de vida, ¡Tengo hasta una lavadora que se maneja también con el móvil!

Atrás quedan 12 años lavando a mano, todos los enseres de la cocina a estrenar.
Ahora comienza para mí una nueva etapa: minimalismo a tope.

En esta lucha frenética contra las incoherencias y las anclas emocionales que me suponen treinta años.
Comienzo donando, tirando y descartando todo lo que sea “grasa emocional” solamente, que no aporte valor nuevo a mi vida.

Seguiré más adelante...

domingo, 19 de febrero de 2017

Acontecimiéntos de releváncia


Comienzo mis reflexiones personales con un nuevo acontecimiento:
Auto diagnostico.
Este año me ha sido regalado un hecho de mucha trascendencia: El autodiagnosticado micro ictus.
Lo he notado en la memoria, no he podido recordar mis oraciones, esta noche he rezado apenas, también las siguientes, y la dicción es mala y lenta y a veces defectuosa.

Cinco días más tarde, ante un episodio de tensión arterial 224 la máxima y 137 la mínima, decido llamar al 112 para preguntarles si eso es alarmante, me mandan  una unidad a casa (eran las 01:00 de la madrugada).
Me ponen unas pastillas debajo de la lengua, me dan un informe para que acuda al médico el día siguiente; me meto en la cama  a dormir, me encomiendo al Señor y me duermo.
El doctor, me manda hacer una analítica, me dice que no coma grasas ni sal, me receta unas pastillas para la tensión arterial y me vuelvo a casa.

Lo más curioso es que he dejado de leer los comentarios de una web de religión, simplemente  porque no me apetece, lo mismo le pasa a meditar sobre el evangelio del día, lo leo y me basta.

Soy más empático y “sensible” y  me emociono fácilmente.
Noto que me he vuelto más “de escuchar” que de hablar. Mi caligrafía ha variado, irregular y menos “bonita”. Por primera vez, soy muy consciente de mi fragilidad, de mi soledad. He pasado del rápido rápido, al lento lento.

Estoy confuso, no sé si mi cerebro está afectado o “milagrosamente” es un aspecto “nuevo”, sigo creyendo en Dios.

Todo esto ha coincidido con mi entrada “Será conocido como el año del cuadro de Dorian Gray”, una entrada que considero: “profética”.
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19/ene/2017
Ha mejorado mi caligrafía, ya está al 96%.
Escribía mi entrada hace unos días sobre salud, mientras me encontraba bien, observaba lo que acontecía a mi alrededor en esta entrada:
 La avenida del colesterol.

Bajo este nombre la conocen los lugareños, su nombre oficial es: Avenida de Luís Aragonés y está al  lado del estadio Olímpico permutado al Atlético de Madrid por su Ayuntamiento.
Avenida (de momento fea), la orillan por un lado los talleres de Metro y por el otro lado el estadio olímpico llamado “La Peineta” por parecer una “peineta” (ese artefacto que llevaban las mujeres españolas en otras épocas) y por los esqueletos de edificios en construcción, sus grúas y los aparcamientos improvisados de las gentes de la obra.
Por lo anteriormente descrito no es bello, hoy mi crónica va por los afectados (presuntamente)  por el colesterol.
Muchas personas, salvo los naturales aficionados a la bici y a correr, se entre mezclan con ellos los “afectados” por el colesterol ¿? O más bien por el miedo a morir…
-¡Cómprese una buenas zapatillas y ande 10 kilómetros seguidos! (Además de seguir las otras instrucciones).
Esta frase se ha convertido en la frase clásica del galeno.
Asombra ver a mis paisanos (de todas las edades) "castigarse los cartílagos” de esa forma.
La gimnasia y el ejercicio es sólo del humano, pues nadie ha visto nunca (salvo el Hámster  -y porque está encerrado-) hacerlo de motu propio.
Para “castigarse los cartílagos” de esa manera se precisan al menos tres condiciones:
·        Tener salud para ello.
·        Creer en los médicos.
·        Creer en que aporta algo.
Sin estas tres condiciones nada es posible. Constato una vez más, que soy minoría, no corro, ni hago ejercicio, y además me parece que es un tontería que nada aporta.
No ahora que estoy mayor, si no que pensaba lo mismo cuando era mozo.
Sólo hacía ejercicio cuando estaba en el ejército, pero  era para matar más eficientemente.
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Hoy salgo como es mi costumbre, la emocional alta y la peligrosa por debajo del peligro.
Tengo miedo que este asunto de la tensión influyera o haya influido en mis pensamientos, que todo sea un espejismo.
La dieta severa y la ayuda de la química, parece que funciona, y con la ayuda de Dios (que si hace salir el Sol para buenos y malos,si hace caer la lluvia para ambos…) ¡Como no me va ayudar a mí, si como me “dijo” en mis revelaciones, me protege y me ama!
Me dijo: “Nada que no tenga ocurrir, ocurrirá”, por lo tanto tiene que haberme ocurrido “esto” es por y para algo, pero no lo percibo aún.
Que somos (y yo también) débiles gusanitos, ya lo sabemos, pero nos preocupamos; unos hacen dieta y ejercicio y se ayudan de la química, mientras otros solo dieta y química, pero todos queremos vivir, aunque el porvenir sea peor que el presente.

¿Qué sentido tiene el prolongar la vida, si el fin se aproxima y además el futuro es peor que el presente?

La vida, sin trascendencia, al llegar a este momento de deterioro, cada vez mayor y peor, no merece la pena.
Y con trascendencia, al llegar al mismo periodo, tampoco merece la pena, pues nos espera la nada hasta la resurrección de los muertos.

Conclusión: “Que  suceda lo que tenga que suceder” y como soy “trascendente”, que sea lo que Dios disponga.
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He recuperado casi al 100% el estilo de mi caligrafía, no así el “emocional” y la dicción es “casi” completa, me digo: parece que de ésta he salido, veremos como evoluciona.

Le haré caso al médico (hacía años que no lo visitaba) porque quiero también vivir.
En mi salida de hoy he pasado por la avenida del colesterol y me sigue pareciendo “patético” las ansias de vivir del ser humano.

La dieta sin sal es horrible, añadido que no ingiero azúcar, mi vida no me resulta agradable ahora.
Pero fiel a mi ser, mi disciplina y el deseo de vivir (al que me agarro fieramente) asumo lo que tengo que padecer.

viernes, 17 de febrero de 2017

Proyecto: Minimizar posesiones





Acontecimientos relevantes me obliga ha realizar una nueva migración, pero ésta vez ya poseo lo necesario junto al conocimiento del minimalismo y otras cosas, para hacerlo más efectivo.

Ya no soy ese personaje precario en medios, hoy en mi renacimiento me acompañan, no solo años, también algunos medios.

Comienzo reflexionando en voz alta, por escrito para que me sirva de lección (a mi en primer lugar y a otros a los que pueda ayudar).

En primer lugar, tengo la convicción del desapego a cosas materiales que no he usado en tiempo, que no las voy a necesitar y estarán obsoletas, puesto que ya lo están (hablo de bienes tecnológicos), tras esa reflexión, creo que lo mejor será que extraiga los discos duros (pues mas adelante puedo querer aprovecharlos) y el resto al punto limpio, con lo que quedará invalidado lo que dije en una entrada antigua.

¡Como cambia la percepción de la vida dependiendo de la edad y la salud asociada a ella!

Tanto el Evangelio como el minimalismo, nos advierten del peligro del “apego” a las cosas materiales, algo que parece sencillo, pero no lo es en absoluto. La vida nos muestra lo débiles que somos ante “las cosas en propiedad”, cosas que te poseen (en vez de poseerla tú a ellas, como sería lo lógico). Por eso he decidido ser libre de ataduras, de cualquier atadura que no me aporte nada positivo.

La racionalidad del mundo es la que le impide tener fe.
La racionalidad apoyada en la preeminencia de la lógica tecnológica, hace al ser humano creerse autosuficiente y trata de darle explicación técnica a todo.
Esto impide que sea pobre en el espíritu y por lo tanto quede excluido por su autosuficiencia de la bendición de Dios: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Éstos “autosuficientes” no creen, incluso se escandalizan ante los pequeños “milagros” del día a día, y si vieran un “gran milagro” tratarán de encontrar una explicación “racional”. Es de destacar que cuando sus “racionales creencias” les son adversas y sus “dioses tecnológicos” les fallan, ¡Cómo caen en el más absoluto desamparo!
Se hace patente el dicho popular: “Cuando el hombre no cree en Dios, creerá en cualquier cosa por absurda que sea”.

Volviendo al principio, emprendo acción activa en la búsqueda (que seguro que estará trufada de enseñanzas y sorpresas), y comienzo por visitar sitios del comercio inmobiliario, además de incluso perderme en esta populosa ciudad, busco en el sector privado de momento,  y lo simultáneo con el objetivo de minimizar mi posesiones, para ir ligero de equipaje.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Sexualidad y sociedad


Han creado una plataforma en no sé qué sitio, para defender y ayudar a los lisiados por accidente para que puedan tener sexualidad.
Lo mismo se preocupa por otras personas con el mismo problema. ¿Será que han descubierto un nuevo “nicho de negocio”?
Está claro que para esta la sociedad, la sexualidad es primordial, que la relacionan con la felicidad y por lo tanto, con el sentido que tiene el vivir.
La tradición nos dice que la sexualidad debe ser para la perpetuación de la especie, que nada tiene que ver con la felicidad, que esa vendrá con los hijos, que serán fuente de felicidad.
Unos y otros ocultan cosas y eventos, desde antaño se viene escribiendo sobre esto. Yo no puedo hablar por experiencia de estos asuntos, pero si me puedo hacer preguntas al respecto y darme respuestas.
Pienso que la felicidad no existe, solo momentos (y pocos) felices, que los hijos no dan felicidad, si no pequeñas felicidades.
Muchos problemas y multitud de sustos.
La sexualidad es una sensación muy fuerte, tan fuerte que es esclavizante, como una potente droga, tampoco trae la felicidad.
¿El por qué está la sociedad tan preocupada por la sexualidad?
Porque no es trascendente, ni lo cree, ni quiere creerlo. Todos los movimientos van en esta dirección: La carnalidad y el placer, lo demás no se debe tener en cuenta.
Los que la vida (generalmente por motivos económicos) les ha impedido tener sexualidad, ¿Qué deberían o deben hacer?
Todo aquel que algo le ate, le sujete, y le impide ser libre, es un pobre esclavo de ello.
Si es la sexualidad la que te esclaviza, estás perdido, pues sólo la amenaza con quitártela, te destruye.
Multitud de cosas tratan de sujetarte, pero la más fuerte es la sexualidad. El miedo a no tener dinero, es porque no puedes dar rienda suelta a la sexualidad, alguien podría decir que el dinero da poder, y lo que quiere es poder, si poder para practicar la sexualidad, en definitiva todo se reduce a eso: sexualidad.
Diréis que vaya manía tengo hoy con la sexualidad, es que el programa (de una radio liberal) me ha hecho reflexionar sobre ello, no han sido los curas, ni nadie, es la sociedad y ésta con su flauta de Hamelín, que es la sexualidad.

domingo, 29 de enero de 2017

Dobles



Para ponernos en situación deberemos irnos al año 1970. Corría ese año cuando estaba por un pasillo de la nave industrial, me aproximo a un varón de mi edad entonces, le saludo:
-“Buenos días”
- ¡Vete a tomar por el cxxx!  (me responde agresivamente).
-¿A qué viene esa respuesta?
-El otro día cuando ibas por la calle del General Ricardos del brazo de una rubia ¿Entonces no me respondiste, es que no me conocías? Y ahora aquí, ¿Me saludas?
- ¿Yo con una rubia al brazo? Sería otro…
-¡No, eras tú, que te tenía a dos metros!

Este diálogo de “sordos” se produjo en el pasillo de la multinacional USA, repito eran los años 70 y yo frisaba la veintena.
Ya no hubo más, esa historia no volvió en lo años posteriores, al menos no supe nada, solo décadas después se desencadenaron  nuevos eventos.

Iba yo conduciendo mi coche, cuando miro el retrovisor, y me veo a mí mismo al volante del coche que está detrás del mío, me quedo perplejo, la circulación es espesa y comienzan los pitidos de los automóviles al haber cambiado el disco del semáforo al verde, me dispóngo a bajar del coche para hablar a “mi doble”, pero éste maniobra y me evita incorporándose a la circulación. Vuelvo al coche e inicio la persecución, para acabar de perderlo en el tráfico.

Pasa el tiempo sin más noticias del doble, hasta que un amigo me dice:
-¿Qué hacías en Plenilunio tomándote un helado?
-Mi diabetes me lo impide (Le respondo)
-Yo hubiera jurado que eras tú.
- Parecer ser que tengo un doble, escucha, ¿por qué la próxima vez que me veas, no me haces una foto y me la mandas por correo? (le sugiero).

Mientras mi vida sigue “en tarifa plana”, cuando estoy en una parada de autobús un hombre de mi edad aproximadamente, se dirige a mí, y sonriendo me dice:
-¿Ya no vás por el bar?
-Yo no bebo alcohol (le respondo)
-Yo te he visto tomando vinitos, y  parecía que no te desagradan.
-Creo que me está usted confundiendo con otra persona, creo tener un doble y al parecer a ése sí le gustan (le respondo con paciencia).

Se inicia un interrogatorio mútuo, en él, mi interlocutor es amigo ocasional de bar, antiguo militar (por cierto, ejerció donde me reclutaron) y llega a la conclusión que somos muy, pero que muy parecidos, dudando incluso si le estoy “tomándole el pelo”.
Una vez salido de su asombro, llega mi autobús, me monto y parto a mi destino.

Otro día, saliendo del Metro, un “vejete” tomándome amistosamente por el hombro me espeta: ¿Ya no vas por Billares?
-No juego al billar.
-Me refiero al pueblo.
A continuación paso a referirle a mi parecido con mi doble… (ya me empiezo a cansar).
-Pues le juro que se parece mucho.

Pasado un tiempo, recibo en mi correo una foto, es mi doble que el amigo capturó y me la manda, (pareciera que yo me tomo un helado, y el parecido es enorme, incluso tiene un sombrero igual).

Tiempo después, ante tantas coincidencias, me paso por el bar para curiosear y un tío me saluda, me acerco a él y le digo:
-¿Buenos días, ¿le soy conocido?
-Claro es usted cliente de aquí.
Le pongo al día de la existencia del doble etc. y a continuación garabateo una pequeña explicación del tema en el dorso de mi tarjeta de visita, y le pido por favor si la próxima vez que me “vea” me la dé.
Desconozco si lo hizo o la tiró directamente.

Episodio de la mancha en el techo.



El vecino de arriba tiene una fuga de agua, y mi techo recientemente pintado por mi mísmo se mancha, el seguro del vecino lo cubre, y un pintor contratado por el seguro me lo pinta. 
Éste es un hombre de edad mediana, abierto y hablador, y me dice:
-¿Hoy se ha tenido que quedarse en casa y no ir al colegio?
Deduzco que me vuelven a confundir.
-¿A qué colegio se refiere?
-Lo digo, porque siempre que llevo a mi hijo al colegio, está usted allí.
Le  interrogo sobre mi “supuesta” personalidad, le pongo al día de mi parecido (he adquirido ya soltura en ello) y ante su asombro me sonrío y le digo que ya me he acostumbrado a ello, y doy gracias a Dios de que mi doble no cometa un delito, pues creo que me detendrían también a mi.

Mi doble al parecer trabaja en un colegio, somos iguales, salvo por el peso que está bastante más gordo que yo ahora, además me he dejado barba.

Otro día, me bajo del autobús, cuando dos mujeres de mi edad, muy sonrientes, se dirigen a mí:
-¿Cómo está Julia, ó Pepita (que no recuerdo).
Ya no me queda duda, me han vuelto a confundir, y tras unas pocas palabras las vecinas llegan a su portal, y se despiden.

Hasta aquí una historia que no ha acabado y que desconozco cómo acabará de la existencia de un doble.
Sólo tengo interrogantes, ¿Por qué no desea verme? ¿Tendrá noticias mías? ¿Debo hacer más por conocerlo? ¿Servirá para algo?

Creo que lo dejaré en manos del destino, que sea lo que tenga que ser.

miércoles, 25 de enero de 2017

La avenida del colesterol.


Bajo este nombre la conocen los lugareños, su nombre oficial es: Avenida de Luís Aragonés y está al  lado del estadio Olímpico permutado al Atlético de Madrid por su Ayuntamiento.
Avenida (de momento fea), la orillan por un lado los talleres de Metro y por el otro lado el estadio olímpico llamado “La Peineta” por parecer una “peineta” (ese artefacto que llevaban las mujeres españolas en otras épocas) y por los esqueletos de edificios en construcción, sus grúas y los aparcamientos improvisados de las gentes de la obra.
Por lo anteriormente descrito no es bello, hoy mi crónica va por los afectados (presuntamente)  por el colesterol.
Muchas personas, salvo los naturales aficionados a la bici y a correr, se entre mezclan con ellos los “afectados” por el colesterol ¿? O más bien por el miedo a morir…
-¡Cómprese una buenas zapatillas y ande 10 kilómetros seguidos! (Además de seguir las otras instrucciones).
Esta frase se ha convertido en la frase clásica del galeno.
Asombra ver a mis paisanos (de todas las edades) "castigarse los cartílagos” de esa forma.
La gimnasia y el ejercicio es sólo del humano, pues nadie ha visto nunca (salvo el Hámster  -y porque está encerrado-) hacerlo de motu propio.
Para “castigarse los cartílagos” de esa manera se precisan al menos tres condiciones:
·        Tener salud para ello.
·        Creer en los médicos.
·        Creer en que aporta algo.
Sin estas tres condiciones nada es posible. Constato una vez más, que soy minoría, no corro, ni hago ejercicio, y además me parece que es un tontería que nada aporta.
No ahora que estoy mayor, si no que pensaba lo mismo cuando era mozo.
Sólo hacía ejercicio cuando estaba en el ejército, pero  era para matar más eficientemente.

martes, 24 de enero de 2017

En la cola del Súper.


Estando hoy en la cola del supermercado para pagar, observo que la persona que me antecede, termina de descargar el carro, para a continuación salir.
La cajera con cara de póquer y yo estupefacto,  me dispongo  a mirar qué va ha suceder.
La cajera llama a la encargada, ésta no sabe qué hacer, todo el mundo mirar en derredor,  en esto que aparece la desaparecida clienta, que sin dar explicación ninguna, paga y se va.
¿Qué ha pasado?
Nadie de los que asistimos a la escena lo sabe.
Yo le pregunto a la cajera:   ¿Qué es lo más raro que le hemos hecho los clientes?
-Si yo le contara…   (Dice con suficiencia) y  lo deja en la incógnita.
¡Mira que somos raros los humanos!
Pago a continuación, y deseándoles que tengan un buen día, me voy.
…Que raro comienzo el día.

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