sábado, 14 de agosto de 2010

Yo mismo y mis contradicciones humanas.


Transporto conmigo desde mi "naufragio" (divorcio), unas cajas con variedad de documentos y cosas sueltas que pertenecen al inventario personal que uno arrastra después de décadas de vida con las "herencias" culturales de los antepasados de uno.

Unas cajas de cartón ya rígidas por el paso del tiempo, cajas que no he abierto en varios años, solo las he transportado conmigo como ese saco de huesos de los antepasados muertos que portaban al cuello los guerreros de las tribus nómadas...

Uno se siente con raíces si los recuerdos le acompañan; duermen las cajas conmigo (en la misma habitación del piso compartido) en espera de un lugar más estable en el tiempo donde puedan reposar en estanterías... mientras vienen conmigo en las diferentes migraciones que me veo obligado realizar.

Hace unas semanas, mi estado anímico me impele a dar un repaso al contenido.
La apertura de las cajas ya trajo consigo numerosas sensaciones.
La primera sensación fue la olorosa, recorrió mi sistema olfativo unos aromas conocidos, ya casi olvidados, asociados esos olores con imágenes ya periclitadas que se escondían en lo más recóndito de mi viejo cerebro.
Mi primer plumier de madera (tuneado por mí entonces mano infantil) con un resto de goma de borrar Milán, con su olor familiar.
El plumier de madera olía a mi primera escuela, todavía conserva el deterioro que produjo la cabeza de Ricardo en su borde cuando le golpeé con saña vengativa por su ofensa, (que no recuerdo cual fue).
Su contenido aún conserva los viejos y gastados plumines de "pata de gallo" para la caligrafía inglesa, la de "corona" y el tiralíneas con mango de auténtico hueso que tanto amedrentaba a mis compañeros más díscolos.
Mi trozo de cuchilla de afeitar "Sevillana" de gillette con el que sacaba punta al lápiz, dos trozos de pizarrín de yeso para la pizarra portátil de auténtica piedra de pizarra (nuestro tablet de entonces).
¿Por qué arrastro estas cosas conmigo? Cosas que no tienen valor crematístico.

Entre los documentos obsoletos que encuentro guardados en una caja grande de auténticos puros Habanos (de cuando Cuba era todavía española), ya de por sí la caja de puros tiene un valor histórico, pues viene rodando desde que la trajo mi abuelo cuando estuvo en la guerra de Cuba cuando lo repatriaron en un barco USA, porque entonces nos dejaron sin barcos los USA.
La caja en cuestión, atada con una cuerda de la época (que sigo conservando el atado) contiene cartas de mi abuelo a su madre desde Cuba, cartas muy amarillas y quebradizas... escritas con pluma de palillero que amenazan hacerse polvo en mis manos.
Esto me decide a tomar la precaución de escanearlas para tener en caso de pérdida irreparable, algo que me muestre esos documentos valiosos para mi.

El mismo estado tienen los demás documentos que encuentro (pocas migraciones van a soportar) no sé si el siguiente descendiente tendrá las motivaciones necesarias para seguir arrastrando los recuerdos, no obstante por precaución y en un vanidoso deseo de perpetuar mis recuerdos (soy en realidad yo mismo) escaneo los documentos que voy encontrando, un trabajo durísimo por los recuerdos que pasan por mi mente en un revivals de décadas pasadas; como dicen que la vida pasa en un segundo al que está pronto a morir, solo que en mi caso no es un segundo son varias semanas de revivals.

Reflexiono sobre la fragilidad de la existencia, el papel es finito, el contenido de las cartas de amor, un amor cuyos protagonistas fallecieron, (ya van por los 90 años o más), solo permanecen en el tiempo (limitado por la biología) y por sus consecuencias si las hay.

Como tengo que perpetuar estos documentos, sopeso el soporte sobre el que los pondré.
El papel (fotocopiado lo descarto) tengo pruebas en la mano que fotocopias de solo unos pocos años, tanto el papel como la tinta son inestables... solo tienen cierta permanencia las copias que realicé con máquina de escribir de cinta.
El moderno soporte informático me da otros problemas: Archivos de texto que guardé en su momento, hoy no lo puedo abrir por no disponer del elemento (programa) adecuado, teniendo que ingeniármelas para abrirlo en otros formatos...incluso ya no se dispone de disqueteras flexibles.
¿Como lo guardo que tenga cierta seguridad de que no se corrompa?
En ello estoy.
De momento, mis cinco cajas de recuerdos están escaneadas y fotografiadas (aunque sin olor) en unos CD y una memoria externa portátil que porto encima como la susodicha bolsa de huesos de los antepasados de los guerreros nómadas.
Pienso que aunque logre vivir otros 50 años, ya no podré oler mis recuerdos escaneados.

Mi patrimonio "cultural" heredado y atesorado por mi mismo y mis antepasados, reposan en un almacén polvoriento a merced de los roedores y demás depredadores, a la espera de que los pueda rescatar.
Solo tienen valor para mí mismo, no son ediciones lujosas ni valiosas, tampoco ediciones exclusivas (se editaron por miles), pero era mi "biblioteca" es decir formaban parte de yo mismo.

Por lo que me hago la siguiente reflexión:
Si el ser humano cambia totalmente sus células cada tres años más o menos, es decir podemos aseverar que después de unas décadas no somos el mismo espécimen (salvo las neuronas y alguna cosa más) el resto lo dejo para el que sepa sobre el tema...
¿Porqué me empeño en perpetuar algo de un ser que ya no existe?

Al hilo de esta reflexión me viene el recuerdo de una historia que escuché en un documental:
Unos aborígenes del amazonas, cuando el poblado comunal está inevitablemente infestado de pulgas y parásitos, una noche (esto parece que es importante) abandonan colectivamente el poblado dejando enseres y demás cosas, montando en otro sitio otro campamento comunal lejos del antiguo hasta que tengan que realizar otra migración por el mismo motivo, ese es el modo en el que luchan y sobreviven a los parásitos.

¿No deberíamos hacer nosotros lo mismo?

Cada cierto tiempo migración completa, dejando atrás "parásitos varios" y problemas que como documentos adjuntos, nos acompañan siempre.
Claro que esta estrategia va contra el sentido de la propiedad... y ¿De dónde iban a cobrar impuestos y gastos de hipoteca?
Fijémonos en una familia cualquiera, el matrimonio está agobiado por la hipoteca, los vecinos indeseables, la reforma que tenemos que hacer al piso, en fin ese innumerable despropósito que se nos acumula... solución: migración colectiva y dejamos "los problemas" atrás.
Claro que por eso mismo nos anclamos (¿O nos anclan?) con ataduras varias, aquí que cada uno reflexione sobre cuales son sus ataduras.

Me resisto en mi nueva situación a volver a adoptar las mismas anclas.
Vivo de una manera voluntaria en una situación minimalista (que me es difícil resistirme a las constantes "agresiones" de mis familiares y amigos que con sus obsequios boicotean mi minimalismo.

La historia de Antonio y Pepita.

Ejemplo pasado, y realidad en un enorme porcentaje de hogares:
La pareja de Antonio y Pepita (nombres supuestos) montan un hogar pequeño, confortable y acogedor, con sus muebles cuidadosamente elegidos por ellos.

Han pasado los años y ya necesita una manita de pintura el hogar... Antonio y Pepita, vacían los muebles para poderlos mover con facilidad, les queda la pintura muy bien, están contentos y felices, comen para celebrarlo en el restaurante vecino y luego se pondrán a recolocar lo movido, total tres horas mas tarde la casa ya vuelve a tener su aspecto de siempre pero más limpio, esa noche celebración de festejos...

Sigue pasando el tiempo, la casa vuelve a necesitar otra mano de pintura...
Pero esta vez el mueble y las paredes ya están saturados de recuerdos.
Viajes, bodas, cumpleaños, bautizos, primeras comuniones.
A primera vista parecería que Antonio y Pepita con seis años de matrimonio han sido muy activos... vemos platos de Talavera, recuerdos de Milán, Roma incluso de la baja Baviera.
Y las fotos de la 1ª comunión,  y esas espadas Toledanas, y ese paisaje de Cantabria, también un relieve de casitas de Cuenca.

Multitud de regalos de boda (de esos que se dan a los invitados.
Todo ello abarrotando el otrora espacioso mueble expositor.

Ardua tarea la de Antonio y Pepita el desmantelar para pintar el dichoso mueble, las imprecaciones antes nunca oídas de Antonio, perturban a Pepita, que frunce el ceño malhumorada por las protestas de Antonio.
¡No te enfades cariño! protesta Antonio, si por lo menos estas guarrerías fueran nuestras.
Pero no, aquí tenemos los platos y recuerdos de tus hermanas, que a mí nada me dicen de los viajes que han hecho... y además ¿por qué tenemos que exponer los regalos que les dieron cuando fueron a la boda de sus primas... ya sé que no pudimos ir, pero eso de que a cambio expongamos las tonterías de regalos...
¿Pero no te das cuenta que no tenemos expuesto nada nuestro?
Si hasta la vajilla que te regalé está guardada por no tener sitio entre tanta tontería? ¿Y el tiempo que nos lleva el limpiar todo esto?
Cuando logran despejar todo, pintar y limpiar, volviendo a colocar todo, acaban exhaustos sin ganas nada más que cenar un mixto e irse a dormir.

El día que Antonio y Pepita tengan que hacer mudanza... será para filmarlo.
Y eso que todavía ellos no han sido papás.
Decididamente reflexiono, no voy a permitir que mis parientes, amigos y demás bien intencionados me regalen nada que tenga que almacenar.
Los regalos se deberán portar en el mínimo espacio o hacer un ingreso en cuenta, lo demás sobra, so pena de correr el riesgo de quedar en el poblado cuando migre como los aborígenes amazónicos.

Considero que la mejor trastada que se le puede hacer a alguien es ir regalándole cosas que no pueda convertir en dinero vendiéndolas, y sí le ocupen sitio, mucho sitio.
Lo ideal es que los muebles sean de usar y tirar, todo finito (con fecha de caducidad) de ese modo el comercio se reactiva y nosotros estrenamos cosas nuevas, a tenor con los tiempos que corren, que los matrimonios duran menos que los muebles.
Si dicen que el amor (la pasión dura tres años) no tiene sentido que los muebles duren más.
El trabajo tiene contrato por obra y servicio en un enorme porcentaje.
Solo la hipoteca es por 25 años. ¡Como si lo demás fuera a durar más!
Lo dicho casa minimalista, matrimonio minimalista, vida minimalista.

Siguiendo el argumento exhibido ahora por nuestros políticos economistas, de que por nuestra expectativa de mas larga vida hay que alargar la edad de trabajar, (como si hubiera trabajo)con la misma argumentación, dado que la duración de los matrimonios es cada vez mas corta, equilibremos el resto.
¡Ah que lo que reflexiono no es rentable!
Pues deberemos abrir un debate al respecto, pues estamos desfasados (es decir no estamos sincronizados con la realidad de las "expectativas").

1 comentario:

  1. Hola Ávalon:
    Como ya te he dicho en otros foros, me gusta como escribes y te animo a que sigas haciéndolo.
    Un abrazo,
    Víctor

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