lunes, 31 de enero de 2011

Las nuevas tecnologías y los mismos vicios de siempre incrementados por ella.



Frente a mi ventana, una cuadrilla de operarios, compuesta de un señor cincuentón y el resto personas jóvenes, se afana en colocar una nueva carpintería de aluminio en un piso viejo en reforma, todos excepto el más alto y agraciado (al menos desde la distancia me parece a mí) que está absorto en una conversación por el celular, que ha juzgar por la expresión dulzona de su sonrisa debe de ser alguien con el que tiene o quiere tener sexo.
El cincuentón con gestos agrios le hace colgar el celular y ponerse a su tarea… Saco la sensación de que en la actualidad el mundo lo sigue moviendo el sexo.
Es curioso lo del teléfono y la manera en que se impone a cualquier norma de buena conducta, viene mi reflexión a un echo de hoy mismo, uno de mis compañeros de piso, observa con envidia como me desayuno una gran tostada de pan con aceite de oliva virgen extra, dos kiwis neocelandeses y un gran jarro de café con leche…
El pasmo y la envidia es porque este compañero de piso compartido es joven y presumido y trata infructuosamente de guardar la figura, sin conocimiento ni preparación… sabe que yo he logrado quitarme de encima 30 kilogramos de exceso y comiendo bien.
Se interesa por mi forma de comer, cuando me dispongo a contestarle, nada más iniciar la “clase de dietética gratuita” soy interrumpido por una llamada, a decir de su cara melosa y sus respuestas, debe de ser una “copulante” que le llama, sin pedirme disculpas se afana en atender la intrusiva llamada… para posteriormente salir pitando para la cita.
Lo dicho, sexo y economía todo en uno…
Hace alguna década, trataba en mi multinacional USA de conseguir una entrevista con mi superior para solicitarle una recalificación salarial, dado que mis trabajos eran muy exitosos y rentables para el negocio de la multinacional…
Consigo que me reciba en el despacho, cuando inicio la charla, suena el teléfono, -disculpa avalon- me dice y atiende esa llamada…
De este modo, pasan 15 minutos y unas cuantas llamadas más, mi paciencia llega al límite, y en el momento de una de ellas, salgo al despacho contiguo que ocupaba la secretaria y tenía la paredes de cristal, desde donde llamo al superior…
Cuando –naturalmente- toma la llamada, el que habla soy yo…
Mire usted, como le decía, según los informes que le he dejado en la mesa la productividad…
Me corta y me dice que por qué le llamo por teléfono si estoy ahí mismo…
Porque usted solo atiende el teléfono…
Dado lo cual, me hace pasar y da orden a la secretaria que tome las llamadas.
Conseguí desde luego que me prestara atención en todo.
Observo que la relación del teléfono, quizás de las nuevas tecnologías, ha tomado una posición dominante sobre el ser humano y sus relaciones y tiempos, habiendo realizado un empoderamiento de nosotros, esclavizando nuestra vida.
Tal es así, que se usa como castigo el privar a otro del uso de ellas.

2 comentarios:

  1. Jajajajaja buenísimo, parece una comedia de Pajares y Esteso.
    A mí me pasó algo parecido hace tiempo. Esperaba en la cola de la ventanilla de información de alguna Delegación Provincial de algo, no recuerdo exactamente de qué. Advertí que la chica interrumpía la atención que le prestaba a los presentes dando prioridad a las llamadas telefónicas. Con lo despacio que avanzaba la cola, decidí apartarme y llamar por teléfono, me atendió en seguida y me ahorré más de media hora de cola :)

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    Respuestas
    1. Me alegro infinito haberte proporcionado un buen rato con mi "batallita"...
      Es absolutamente real, y es que es dificil superar a la vida en comedias.
      Gracias por tu comentario amigo Luis José.

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