domingo, 6 de febrero de 2011

Historia del indiano tío Antonio






Historia del indiano Tío Antonio.

Antonio, un zagal de 17 años, de tez trigueña, robusto de cuerpo y de 1.60 metros de altura, nació en un pueblecito serrano de Andalucía allá por el año del Señor de 1871.

Mis recuerdos están diluidos por los años pasados, yo tenía cuando escuché su historia de propia voz 9 años, siendo mi comprensión del mundo muy limitada, posteriormente, después de escuchar esta historia mis padres emigraron de mi pueblo en busca de una vida allí imposible y ya no volví a saber del indiano en cuestión.

En mi pueblo andaluz, llamaban a los emigrados en busca de fortuna a las Américas, y que volvían (con fortuna o si ella) indianos.

Mi indiano tío Antonio, volvió con una esposa, cinco hijos –creo recordar- y solo con una historia que contar; muchas décadas después –la fechas me bailan en la memoria- cuando yo lo conocí, vivía a expensas de sus hijos que en ningún momento le dejaron solo, viudo ya, se le veía como un hombre robusto y seco, lleno de arrugas como una vieja encina.

En mi pueblo, entre mis paisanos pobres que no podían celebrar una boda por los dineros que costaba, solían practicar un subterfugio, admitido por su sociedad de entonces para salvar la dignidad, que era un valor que nadie quería perder, se podía ser pobre… pero indigno nunca, antes el presidio o la muerte.

El subterfugio mencionado no era ni más ni menos, que el practicar un secuestro consentido, es decir una fuga de los enamorados, para de ese modo librar a la familia de celebrar una boda costosa e in asumible por la pobreza familiar, de ese modo el padre de la novia le instaba, so pena de muerte directa a casar con ella –es decir, responsabilizarse de su acto- y quedaba de ese modo dispensado de la costosa boda.

Yo de pequeño asistí a la compra de vituallas y ropa para un reducido ajuar para unos futuros fugados – secuestrada- por acción de las madres de ambos, manifestaban a sus convecinos en conversación, la intención de los enamorados de este modo: 
-Si es que a mi niña se la roba el novio esta noche…

Nuestro indiano tío Antonio, practicó esta modalidad con la morena serrana que era su novia desde pequeños, quienes después de su fuga, y estancia de varios días en la sierra, aparecen en el pueblo avergonzados por su fechoría, ella implora perdón del padre y él con la gorra en la mano, la mirada fuerte y decidida manifiesta al suegro su determinación de cuidarla por siempre, respetarla y amarla so pena de indignidad y muerte propia.

La vida en el pueblo era como digo muy difícil y en el resto de la patria lo mismo… por lo que esta brava pareja, decide ir a buscar fortuna a las Américas… y aquí empieza esta historia.

Tras una travesía de 45 días según creo recordar, -no sé como consiguió el pasaje ni los papeles, eso en mi niñez era desconocido y nadie resaltó ese término- llegó (creo recordar que era Argentina)… él, un zagal trocado en hombre y la niña mujer con lo puesto y un atado de ropa por todo bagaje… recuerdo que me describió su ropa, ella una vestido de falda ancha confeccionada por su madre, una chal precioso heredado  de su familia y unos zapatos de piel también confeccionados por unos amigos artesanos, él un traje negro arreglado de la boda de un tío suyo, una boina bilbaína, pantalones de pana, una faja de 2 metros de lana y una faca andaluza que todavía conservaba elaborada por otro artesano del pueblo con cachas de cuerna.

Los esperaba un carromato que los llevó a ellos y otros pasajeros hasta un tren.

Después de días en ferrocarril los desembarcan en medio de la nada, en un mar de hierba donde la silueta del sol se hundía en la hierba con tonos rojos…

Después de un tiempo acampados en medio de la nada, aparece en el horizonte un gigantesco carro acompañado de jinetes armados; suben personas y bultos además de mercaderías varias al carromato gigante e inician la marcha hacia el destino, una finca del Señor como se referían al dueño.

El viaje

Se suceden los días entre acampada y acampada de un trayecto que se le hace infinito…

Preguntan al que parece ser el jefe de la partida armada sobre el momento que llegarán a la finca del Señor… la respuesta les deja atónitos, llevan 15 días ya en la finca del Señor…

La población de destino.
La llegada a lo que ellos llamaron el cortijo, y que era como una pequeña ciudad.
Fue un cúmulo de sensaciones el encontrar otras personas normales, pues hasta ahora, salvo los armados de su partida y otros que en la lejanía veían acompañando multitudinarios rebaños de reses, eran los primeros que podían mirar a los ojos.

Los recibe un señor que era el capataz de aquel complejo, el cual los manda alojar en un barracón colectivo con otras personas.

La presentación
Les dicen lo que consideran que serán los mejores puestos laborales a ocupar, algunos a los rebaños, otros –la mayoría a los campos de maíz y otros cereales- les comunican las normas de funcionamiento por las que se rigen.

Allí no hay dinero, todo lo que necesiten comprar se les facilitará en el gran almacén a cambio de unos billetes editados por el Señor, el dinero de que dispongan lo entregarán a cambio de billetes del Señor que es lo único que vale allí, por lo que el que disponga de dinero deberá entregarlo pues está penado tenerlo encima.

La paga por su trabajo se les dará al término de la semana según su productividad en la tarea encomendada.

El correo con sus familiares se recoge y se llevará a la ciudad cada vez que salga una caravana para ir a reponer mercaderías, el coste postal se abonará en el instante y será estampillado en la capital.

La primera semana del primer año.

Ha sido una semana agotadora con un trabajo que duraba lo que el sol en el firmamento.

Día de paga, Antonio y su esposa Rosa reciben un dinero en pesos del Señor.
Van al Gran almacén y compran lo que precisaban, se dan cuenta que llega para poco.

Como las necesidades son más que la exigua paga, les ofrecen un adelanto para completar la compra. Firman el recibo, ya empiezan a deber el 50% de la próxima paga.

Esto se repite cada vez durante cada semana.

Al mismo tiempo los precios de las mercaderías se han ido incrementando unilateralmente cada vez más.

Un año más tarde.

Rosa y Antonio esperan al primero de sus cinco hijos.
En unas condiciones de insalubridad y falta de intimidad, Rosa da a luz a un robusto y moreno varón.
Esto hace que Antonio, previo permiso del patrón, construya fuera  del barracón un pequeño habitáculo de madera que sirva de acomodo a su modesta y creciente familia, para lo cual firma un compromiso de producción de una cosa que llamaban “chicha” que se confeccionaba mascando no se que planta me dijo Antonio, que escupían en un envase de barro y que cuando estaba lleno valía bastantes pesos “falsos”, de ese modo pudo construirse el chamizo que fue su hogar décadas.

La situación es ya insostenible.

Hoy el poblado está revuelto, una familia que no aguantaba, ha huido.
Una partida armada ha salido en su busca, pues su débito con el almacén es enorme. –Hay que tener en cuenta que el coste de las cosas no ha hecho nada más que subir, aumentando la deuda con lo que se daba la paradoja de estar trabajando para pagar la deuda que no hacía nada más que incrementarse día a día-.

Ha vuelto la partida, sola, pero con las pertenencias de los huidos, que según relatan los guardianes, se han resistido y han sido abatidos y enterrados en el campo.

Esto ha dejado desolados a los pobladores braceros, y Antonio y Rosa caen en la desesperación.

La familia de Antonio, cuyos miembros han crecido con cinco robustos hijos, ya hombres endurecidos por el trabajo y debido a los bravos genes que portan, no se resignan.

Reunidos en torno a la figura de su madre y su padre, toman una decisión en la que les va la vida.
Hay que irse de allí, escapar de esa esclavitud o morir en el intento.

La escapada.

Han estado preparándose, guardando provisiones, carne seca, frutos transportables y unas rudimentarias armas autoconstruidas, todo llevado con sigilo y secreto absoluto.
Aprovechando una fiesta del patrón, una noche de perros, solo iluminada por la luna, toman el camino incierto del exilio que es su libertad.

Antonio calcula que para cuando se den cuenta, tendrán algunos días de ventaja, nada comparado con la enorme extensión de tierra por recorrer hasta el ferrocarril, y luego esperar a que llegue antes que las partidas de búsqueda.

Consiguen robar unas cabalgaduras y se ponen en marcha.

Al tercer día los rayos del sol les indican en la lejanía brillos metálicos de armas.
Son una partida de caza, nuestra familia se apresta a su destino, se toman de la mano, y rezan juntos encomendándose a Dios.

Siguen andando como si nos les hubiesen visto, pronto son alcanzados por la partida armada, como siempre, portan rifles de un solo tiro y unos enormes facones en la faja, junto con el temido látigo de puntas de plomo.
Son cinco jinetes, desalmados al servicio del Señor y muy soberbios de su fuerza y del temor que despiertan, condición con la que cuenta el astuto Antonio, la soberbia y la prepotencia de sus ejecutores puede ser un factor positivo para ellos, ¿Cómo unos miserables braceros y una mujeruca puede ser un peligro para ellos?

Cuando son alcanzados, Antonio y familia, muestran como acordaron una postura temerosa… y en un segundo, la ¡explosión!

Jamás aquellas tierras vieron ímpetu, coraje y determinación tan enormes.
En segundos fueron abatidos aquellos jinetes con sus cabalgaduras por mano de las rudimentarias armas empuñadas por valerosas personas que luchaban por su vida y su libertad.
Hasta la valerosa Rosa acuchilla sin misericordia a un jinete.

Eliminada la partida, recogen restos útiles y armas de fuego con munición, entierran los restos y disimulan las señales de lucha para no alertar a las sucesivas partidas que salgan en días posteriores al ver que no regresan los anteriores.

Siguen a buen ritmo día y noche, sin desmayo ni descanso.

Por fin ya están en las vías del ferrocarril, ahora tienen que parar el tren en medio de la nada.
Tienen un plan, Antonio ha elaborado el plan consistente en hacer parar el tren con obstáculos y tomar por la fuerza de las armas la máquina y después entregarse en la capital a las autoridades.

Después de un día de angustiosa espera, sin avistar otra partida, a lo lejos se vislumbra el humo de un tren.
Entre unos matojos escondidos los hombres, sólo Rosa con las cabalgaduras permanece junto al montón de broza acumulada en la vía a la que prenderá fuego en el momento oportuno a una señal de Antonio, el montón de broza parece un obstáculo insalvable que obligará a parar el tren.
El tren, llegado al obstáculo solo ve a una mujer con caballerías que hace señales, no se ve a nadie más pues los hombres se han enterrado junto a las vías completamente, en un momento al grito de Rosa los hombres se desentierran y a punta de fusil de apoderan de la máquina, mientras Rosa y dos de su hijos suben al tren como inofensivos pasajeros recogidos en el páramo por el cortés tren.

Dejan atrás cabalgaduras y avituallas y el tren se pone en marcha.
Los maquinistas, a los principios asustados, pronto ante las explicaciones de Antonio de entregarse a las autoridades y después de escuchar la historia de las penalidades pasadas (algo que al parecer no es desconocido por las gentes aquellas) se tornan en cómplices de Antonio y sus hijos.

En llegando a la ciudad, los maquinistas disuaden a Antonio de entregarse a las autoridades, pues serían juzgados y condenados muy severamente.
Antonio y su familia se funden en un abrazo en la estación de la ciudad, se despiden de los solidarios ferroviarios argentinos y encaminan sus pasos al consulado patrio.

El resto es la llegada incólume a mi pueblo y sus raíces de 7 personas enormes.

Así lo escuché de boca del indiano tío Antonio y así os lo cuento.

************************************************************************
Esta es una crónica verdadera sobre las deudas y los préstamos.
Bajo el título el microcrédito los mata, la prensa nos cuenta que la idea que recibió un Nóbel es la causa de que ahora los pobres –a los que se quería ayudar- se suicidan por éstos mismos microcréditos…
Que los microcréditos se hayan convertido en una trampa mortal para los más de 450 millones de indios que viven con menos de un euro al día, es algo que en su día ya lo vi.
Ya desde pequeño me contaron el cuento de la vaca lechera… de una moraleja ácida y cruel, pero muy aleccionadora.
También está en mi formación la historia que os he contado por venir al pelo del indiano tío Antonio que tiene mucho que ver con la trampa de las cosas a crédito.
En el artículo de prensa que me ha motivado este recuerdo ya vivido, comenta que la protagonista que se suicidó, terminó asumiendo una deuda total equivalente a unos 935 euros. Bandari se vio obligada a hipotecar su vivienda y su cartilla oficial de racionamiento que el gobierno entrega a los hogares por debajo del umbral de pobreza.
Ya en un comentario en un foro, manifesté mi ira diciendo un exabrupto soez: ¡Que se metan los créditos en el culo, que lo único que hacen es esclavizarnos!
Debemos gastar lo que somos capaces de generar, lo contrario es correr un inmenso riesgo de déficit y esclavitud como consecuencia.
*******************************************
Esta entrada ha sido editada para mejorar el aspecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Formulario de contacto en privado / también vale para suscripción por email

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *