miércoles, 25 de enero de 2012

Ligero de equipaje.



Las circunstancias vuelven a forzarme para tomar decisiones difíciles para mí…

He estado dilatando mi migración lógica y necesaria argumentándome a mí mismo razones de oportunidad…

Me mentía a sabiendas de que me estaba mintiendo, no quería reconocer que estoy atado a cadenas invisibles que las conforman las cosas y los recuerdos…

Los recuerdos son ese alimento del espíritu que reside en la memoria que nos mantiene cuerdos o perturbados, según los casos…

Si mi situación patrimonial me permitiera disponer de un espacio grande a modo de museo personal, la ansiedad que me provoca el disponer y decidir que anclas rompo y cuales siguen conmigo, no se manifestaría tan agresivamente.

Si no mediara mi nueva actitud minimalista (que uso como antivirus contra anclas de este tipo) no podría soportar la situación.

¿Qué criterios tendré que adoptar para decidir cual se queda conmigo?

Queda descartado su valor pecuniario (no tienen ya valor significativo)
Su valor de uso tampoco es el adecuado por la obsolescencia de la tecnología en todos los casos…
Solo queda su valor simbólico, cuando fueron adquiridos, el como y el por que de su adquisición…

¿Cómo consigo el extracto de su espíritu, con que alquimia lo hago?

Lo que si tengo ya decidido es aligerar el equipaje, hasta que llegue el tiempo que tengo decidido anclar este viejo cuerpo hasta que la Providencia decida, en un entorno más sostenible y tranquilo que esta gran urbe que es donde actualmente vivo… El como lo aligere es lo que tengo que reflexionar, el cuando es ahora mismo.

Ya os contaré como lo consigo, si consigo la alquimia que me permita disfrutar de mis recuerdos, aunque sea en estracto…

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