lunes, 28 de mayo de 2012

Cuando alguien pierde...


Cuando alguien pierde, olvida o deja a un lado, las posturas, las opiniones y las posiciones que reivindicaban, que le dieron legitimidad popular queda arrinconado en un sectarismo residual…

Han abandonado sus referencias, la lucha social, y la han cambiado por una actitud militante de anti… lo que sea.

El falangismo español, pospuso la revolución social (quedó pendiente) y ahora no pueden desligarse de la etiqueta impropia de “extrema derecha”, pues un movimiento social que bebe en las doctrinas socialistas no es ni puede ser nunca “extrema derecha”, su discurso patriotero en exclusiva, lo posicionan injustamente (pero es lo que el pueblo percibe)  en postulados de derechas…
Dándose la paradoja que esta misma derecha los desprecia.

Lo mismo cabe decir de la experiencia del socialismo encarnado por el PSOE y la UGT en los últimos años, no han sabido desligarse de las políticas de derechas en lo económico y les ha llevado a una situación de paranoia y a un bucle infernal de difícil salida.

El comunismo español sufre las mismas consecuencias…
Entre las políticas de pactos, apesebramientos  a los presupuestos y el no haber realizado una autocrítica que le llevara a denostar cualquier ligazón con el comunismo criminal que imperó en el mundo, le hace muy difícil el conseguir que se les crea, salvo por los sectarios y los resentidos sociales, que están dispuestos a creer y a justificar lo injustificable.

La Iglesia que ha abandonado el mensaje de los Evangelios, y el pueblo percibe que nos dice: “Haced lo que os digo, no lo que hago” y luego se pregunta el por qué de su cada vez más creciente desapego popular, y el Papa nos hace notar que estamos necesitando una nueva evangelización.

El comportamiento público y privado de las más altas magistraturas en la Justicia, que causan escándalo social, su partidismo y desvergüenza.

Las instituciones financieras con sus latrocinios descarados haciendo al pueblo rehén de los créditos y de sus abusos…

Los medios de comunicación que se comportan como asalariados parciales, traicionando de paso los principios más sagrados del periodismo social y comprometido con la verdad…

Los políticos sin honor que se tapan sus vergüenzas con las respectivas banderas, usando sin asco propio los acontecimientos deportivos para reivindicar sus “momios”…

Mucho me temo que de seguir así, seguiremos gritándoles ¡No nos representáis!


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