jueves, 4 de julio de 2013

Vejación “post mórtem”




Rastro madrileño fuente: wikipedia


Paseaba por el “Rastro madrileño”  bajando por la Ribera de curtidores, tomo una de las callejas recoletas del genuino barrio madrileño donde sus tiendas son un escaparate de la demolición de  la sociedad…
Uno ve lo que está predispuesto a ver, eso es sabido, el “guiri” ve una  cosa distinta a otros turistas, yo cuando paseo, continuamente voy diseccionado la sociedad y el mejor sitio para ello es el Rastro madrileño.

Para mí el Rastro es como la Atapuerca de Madrid, encuentras restos de vidas pasadas, que analizados con mirada inquisitiva pueden dar para muchas reflexiones…

El grupo de arqueólogos urbanos que forman los miembros o clanes que regentan las tiendas del rastro nos ofrecen un resumen de lo periclitado. Todo adquiere allí una dimensión fantasmagórica…
Uno se pregunta:
¿Dónde ha quedado el esplendor del III Reich alemán viendo los raídos y apolillados uniformes que expenden allí?
¿Qué ha sido del glorioso Ejército rojo cuando observas sus restos de uniformes y quincallería?
Paso de politiqueo, voy buscando algo del stablisment del momento…
Tras visualizar aparadores polvorientos, pantallas de lámparas, sillas de comedor o recibidor de casas pudientes, cae mi vista sobre unos óleos…
Representan unas personas, -hombres y mujeres- con distintos gestos, unos altaneros, otras miradas que no dan noticia del talento del sujeto, pero todas tienen en común que en su tiempo eran o se creían personajes relevantes-al menos en su percepción-  a juzgar por los ropajes, las condecoraciones que ostentan y exhiben sin el más mínimo pudor…
Ahora están allí en un rincón, en el suelo sin protección, acumulando polvo…
Los otrora importantes, que llegaron altos –o al menos eso creían ellos- están ahora al nivel del polvoriento suelo.

Tomo del suelo el cuadro, lo examino, es un cuadro al óleo que está muy bien pintado (no entiendo de técnica de pintura y solo es una percepción vulgar mía) me gusta, pero lo que más resalta es su magnífico marco dorado en pan de oro viejo…
Trato de “visualizar” lo que trasciende de su interior…
Persona importante que ganó honores y tenía posición social ¿Ganó esos honores por la posición social, o tuvo algún mérito? No lo averiguo por desconocer alguna referencia del sujeto, el cuadro solo tiene la firma del pintor y la fecha, nada más y nada más me puede decir el tendero sobre la procedencia salvo que ni siquiera fue vendido por la familia, pues habría una factura…
Estaba considerado “como residuo urbano” es decir que fue recogido de la calle y acabó allí.

Mi mirada va esta vez a una cómoda hermosa negro caoba con cinco filas de cajones, miro en el interior de los cajones y me pasmo de que aún tenia cosas dentro…
Algo de ropa de mesa, cacharritos diversos y  postales fotográficas del principio de siglo XX junto con una gran cantidad de negativos fotográficos de blanco y negro.
Le pregunto si este mueble también es “residuo urbano”.
-No este es parte de un lote (del que tenemos “papeles” me responde escamado) que pertenece a unos herederos que nos lo donaron a cambio de que desalojáramos de trastos la vivienda…

Le pregunto cuanto me pide por los negativos y las postales, se queda pensativo un instante y me responde dubitativo:
-1€ cada pieza…
Carísimo le respondo, no valen ni 20 céntimos de €…
-Ni para usted ni para mí (contesta ya en su terreno) 50 céntimos de €.
Nos damos la mano en señal de trato y salgo con 50 negativos y una decena de postales…
Son negativos de fotografías familiares que capturaron momentos de unas vidas exitosas al parecer…
Vacaciones en el mar, viajes y lo que parecía cambios de domicilio a diversas casonas…

Lo que no se me quita de la cabeza de mi paseo por la “Atapuerca rastrina” es qué pasó en sus exitosas vidas para acabar de ese modo, pues no fue el efecto de un terremoto, una guerra o una inundación…
Fue desde luego una catástrofe, pero de amor filial.
Me pregunto ¿Cuál fue el detonante de ese desapego hacia los recuerdos de su estirpe?
¿Qué llevó a ese desamor hacia sus propias raíces, que no recogieron ni siquiera los soportes gráficos de sus vidas, tan poco les importaba?

Desde luego reflexiono con tristeza que esta forma es la más cruel  vejación “post mórtem” que he conocido…


4 comentarios:

  1. Casi he podido sentirme paseando por el Rastro. Admito que no es un lugar que me guste mucho, pero sí hay cosas que me fascinan como las tiendas militares. Una vez me compré allí una chaqueta de oficial aleman de vuelo y un cinturón para un disfraz.
    Lo de las cosas que quedan de las glorias pasadas me recuerda aquello que se decía de "Sic transit gloria mundi" Así pasan las glorias del mundo, y nos debería servir para ser conscientes de que al final hagamos lo que hagamos hemos de morir. Así que mejor aprovechar mientras sigamos de este lado de la tierra.

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario Iván, para mi tampoco es el mejor sitio que frecuento (lo hago como si visitara la Atapuerca, por interés sociológico) prefiero un buen parque arbolado y con una población visitante cosmopolita (como el Retiro madrileño por ejemplo del que estoy enamorado hace décadas ya).
      Como observador de la sociedad me pasmo constantemente del afán de perdurar en la memoria por medio de calles con su nombre o de estatuas…
      Cuando de verdad trasciendes es por el legado que dejes a la sociedad.

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    2. Sí, aunque por otro lado Avalon, una vez que falleces, ¿acaso hace una gran diferencia si has dejado un legado o no?. ¿No será también una ilusión?.

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    3. Es de ilusos el preocuparse por el que pensarán de uno una vez muerto…
      Pero es vital el llevar una vida plena de forma que trasciendan en beneficio de los demás tus obras…ese legado es el más estimable.
      Aunque tus herederos (el Estado y los naturales) agradecerán los legados pecuniarios :-)
      Todos somos determinantes en algún momento para la vida… aunque muchas veces no seamos conscientes de ello.

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