jueves, 16 de enero de 2014

Signos de estabilidad





Miro en mi entorno y me doy cuenta que estoy sin lavadora desde el 2005.
¿Cómo es esto posible?
¿Cuál son los motivos de ello?
¿A que es debida esta circunstancia?

Puedo tratar de explicarlo de formas diferentes, achacarlo a factores varios, pero no deseo (ni es conveniente) el auto engañarme.
Mi primera falacia sería achacarlo a mi espíritu minimalista.
O decir que soy un antisistema, o un ecológico etc, pero no sería cierto.
La verdad creo, es que los humanos deshacemos el equipaje cuando creemos que hemos llegado al destino, al parecer y a pesar de mi aparente estabilidad, mi psiquis no se da por enterada de ello, para ella aún no he terminado mi viaje, es decir no me considera estabilizado, por ello no echa raíces mobiliarias.
Mientras, me apaño lavando a mano los pocos “trapos” que tengo, y ello me basta, me mantiene en alerta y en forma.

Me interrogo sobre ello, una lavadora no me cuesta demasiado (podría poseerla) pero la realidad es que no quiero cadenas que me ralenticen en mi estado de “maletas preparadas” para la migración hasta mi meta de estabilización, que intuyo que la primera barrera está próxima ya, cuando alcance la jubilación legal puesto que ahora vivo un simulacro de ella.
Afortunadamente adelanté mis viejos deseos para cuando alcanzara la jubilación sin haber llegado a ella (por el miedo a no vivir para hacerlo), fue una decisión premeditada, y creo que exitosa: Vivir en libertad relativa.

Mi psiquis más profunda se comporta como un piloto automático que me marca el rumbo, puedo hacer modificaciones “finas” sobre el rumbo, pero no me permite cambiarlo sustancialmente sin dolor psíquico, creo que sabe mejor que mi consciente lo que me es conveniente y suelo hacerle caso no sin antes reflexionar sobre ello.
En definitiva, cedo a no comprarme una lavadora hasta que llegue la estabilidad buscada, mientras tomaré la situación como un entrenamiento del cuerpo y del espíritu.

He asistido por medio de la observación diaria, la evolución de un indigente.
Llegó a la esquina bancaria poseyendo un vaso de plástico de una hamburguesería cercana con el que solicitaba una ayuda en metálico.
A los pocos días ya disponía de un cartón donde alguien había escrito su situación de penuria.
Dos días después, agregó a su “patrimonio” otro cartón para aislarle de frío del suelo y un raído y sucio cojín que junto a una maleta roja rota conformaban su patrimonio actualizado.
Su estatus mejoraba a marchas forzadas, recibía sustanciosas ayudas dinerarias, pero las alimenticias eran mejores, incluso una anciana le bajaba puntualmente una taza de chocolate con leche y otro le traía un bollo tierno, eso que yo viera en directo.
Un mes más tarde, el incremento patrimonial era ya considerable: dos maletas para guardar cosas, un pequeño colchón que hacía las veces de sillón y un carrito de supermercado para el transporte de su patrimonio.
Todos los días que nos cruzábamos la mirada, nos cambiábamos una mirada de empatía, sin darle yo nada salvo mi sonrisa y mi mirada a sus ojos que él me devolvía, hasta que un día estaba allí, bajo una pertinaz llovizna resguardado bajo un estupendo paraguas  grande; fue entonces cuando escuché su voz por primera vez al soltar una frase en un idioma desconocido mientras reía y señalaba el paraguas con el dedo.
Se sentía feliz con su última adquisición, se sentía estable, poseía dos maletas, un carrito para el transporte de sus posesiones y un paraguas que al parecer era para él un signo de bienestar.
Vino el frío intenso, no lo he vuelto a ver.
Se dejó barba como yo mismo me la dejé, yo me surto de los muebles que desechan mis vecinos, pocos porque no necesito más, claro que mi poder adquisitivo es superior al suyo y no estoy tan precario (aunque lo he estado) pero veo muchas similitudes entre esa persona de otro país y yo mismo, y los dos tenemos posesiones apreciadas para nuestra supervivencia, pero absolutamente prescindibles y fácilmente posible el dejarlas atrás, pues se pueden proveer de nuevo, he incluso mejores.
¿Es la lavadora mi “tótem” de estabilidad?


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