sábado, 17 de septiembre de 2016

Vigencialismo, una nueva forma de esclavitud.







Hasta ahora conocemos lo que se entiende por consumismo, sabemos que existe en diferentes grados de intensidad y que en su máxima expresión llega a ser destructora para el medio ambiente y para el mismo ser humano.


Vengo desde hace tiempo ya reflexionando sobre un nuevo aspecto, una nueva forma que esclaviza a los seres humanos, lo tenía diagnosticado –aunque todavía no le había puesto nombre—por fín he encontrado un análisis de un erudito antropólogo que describe lo que había yo detectado y le ha puesto nombre: “Los que viven por y para la vigencia”, ergo son vigencialistas.


Notaba la diferencia entre los consumistas de la moda, de la tecnología, del alimento y otras muchas facetas, todas asociadas pero con matices digamos “de pensamiento”.

En mi niñez se les llamaba “noveleros” por lo de novedad, amigos de todo lo nuevo y novedoso.

Pero he notado que ahora llevan un añadido “filosófico” y es lo que les ha señalado como un peligroso “programa malicioso”, y al ser ya un hábito en masas de gentes, crea un hábito esclavizante.


¿Cómo comienza y cuáles son sus síntomas? 


Comenzó con un inocente  aprecio por la novedad, que nos sorprendía como si fuera un nuevo juguete.

Comenzamos a interiorizar como positivos los mensajes que nos decían que lo antiguo está obsoleto, que es inválido y que no lo debíamos tener en cuenta.

Sólo la última versión es la mejor.

Tenemos que actualizar muy a menudo.


Comenzamos a ver normal el mensaje constante en nuestros aparatos electrónicos: “Espere, se está actualizando” o “Tiene 125 actualizaciones pendientes”, también “Lo sentimos, no se puede instalar porque su sistema no está actualizado”.



¿Cuáles sus consecuencias?

Todos estos mensajes forman ya parte de nuestra vida, ya los percibimos como “cosa natural y normal”, y ya está la sociedad preparada para la siguiente etapa: “La cultura del descarte”.

¿Estarán aprovechando esta etapa para meter de “contrabando programas maliciosos”?


Si rechazas esta forma de “ser”, es que no eres moderno, no estás actualizado, es decir no eres  vigente.


Por no ser vigente, no encuentras empleo, y te dirán  que te tienes que actualizar.


Quieren conseguir (y en ello trabajan) que todas las relaciones sean por medio de las redes tecnológicas (sin tener en cuenta a las poblaciones de personas mayores que no están “iniciadas en esos medios” es decir no son vigentes, y ya les han puesto nombre: las llaman “discapacitados esmartfónicos”, incluso ya se han ofrecido programas de cursos al efecto ¿nueva burbuja de cursos subvencionados?


Al paso que vamos, no me extrañaría que alguien recibiera alguno de estos mensajes o comunicados:

“Cámbiese de país, no está usted actualizado”.


Ya está vigente el “despido por causas objetivas", entre las que se encuentra: no estar adaptado al puesto de trabajo.


Por muchas razones, puedo decir que nos estamos adentrando en la dictadura del “vigencialismo” donde para sobrevivir tendrás que ser un vigencialista convencido y por consiguiente u esclavo de la vigencia, vestirás, y te actualizarás constantemente con un fervor de converso.


Amigos míos, se ha abierto una nueva paradoja ¿o no tan nueva?

Creo que tenemos mucho debate  por delante.

Creo entrever otras conexiones  entre esto que digo y otras cosas de actualidad, lo veremos…




2 comentarios:

  1. Pues tienes razón, existe una tendencia clara a olvidar lo antiguo y a sobrevalorar lo nuevo. Los cambios constantes en las profesiones también favorecen la exclusión de los que tienen más edad.
    Ya sabes amigo Alberto que otras veces he escrito que en la actualidad la mayor discriminación es la que se produce por razón de la edad.
    Un abrazo.

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    1. Así es amigo Iván, y todos se olvidan que la edad provecta está llena de experiencias útiles, y sobre todo, que todos serán viejos sino se malogra su vida.
      Un abrazo

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