domingo, 19 de febrero de 2017

Acontecimiéntos de releváncia


Comienzo mis reflexiones personales con un nuevo acontecimiento:
Auto diagnostico.
Este año me ha sido regalado un hecho de mucha trascendencia: El autodiagnosticado micro ictus.
Lo he notado en la memoria, no he podido recordar mis oraciones, esta noche he rezado apenas, también las siguientes, y la dicción es mala y lenta y a veces defectuosa.

Cinco días más tarde, ante un episodio de tensión arterial 224 la máxima y 137 la mínima, decido llamar al 112 para preguntarles si eso es alarmante, me mandan  una unidad a casa (eran las 01:00 de la madrugada).
Me ponen unas pastillas debajo de la lengua, me dan un informe para que acuda al médico el día siguiente; me meto en la cama  a dormir, me encomiendo al Señor y me duermo.
El doctor, me manda hacer una analítica, me dice que no coma grasas ni sal, me receta unas pastillas para la tensión arterial y me vuelvo a casa.

Lo más curioso es que he dejado de leer los comentarios de una web de religión, simplemente  porque no me apetece, lo mismo le pasa a meditar sobre el evangelio del día, lo leo y me basta.

Soy más empático y “sensible” y  me emociono fácilmente.
Noto que me he vuelto más “de escuchar” que de hablar. Mi caligrafía ha variado, irregular y menos “bonita”. Por primera vez, soy muy consciente de mi fragilidad, de mi soledad. He pasado del rápido rápido, al lento lento.

Estoy confuso, no sé si mi cerebro está afectado o “milagrosamente” es un aspecto “nuevo”, sigo creyendo en Dios.

Todo esto ha coincidido con mi entrada “Será conocido como el año del cuadro de Dorian Gray”, una entrada que considero: “profética”.
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19/ene/2017
Ha mejorado mi caligrafía, ya está al 96%.
Escribía mi entrada hace unos días sobre salud, mientras me encontraba bien, observaba lo que acontecía a mi alrededor en esta entrada:
 La avenida del colesterol.

Bajo este nombre la conocen los lugareños, su nombre oficial es: Avenida de Luís Aragonés y está al  lado del estadio Olímpico permutado al Atlético de Madrid por su Ayuntamiento.
Avenida (de momento fea), la orillan por un lado los talleres de Metro y por el otro lado el estadio olímpico llamado “La Peineta” por parecer una “peineta” (ese artefacto que llevaban las mujeres españolas en otras épocas) y por los esqueletos de edificios en construcción, sus grúas y los aparcamientos improvisados de las gentes de la obra.
Por lo anteriormente descrito no es bello, hoy mi crónica va por los afectados (presuntamente)  por el colesterol.
Muchas personas, salvo los naturales aficionados a la bici y a correr, se entre mezclan con ellos los “afectados” por el colesterol ¿? O más bien por el miedo a morir…
-¡Cómprese una buenas zapatillas y ande 10 kilómetros seguidos! (Además de seguir las otras instrucciones).
Esta frase se ha convertido en la frase clásica del galeno.
Asombra ver a mis paisanos (de todas las edades) "castigarse los cartílagos” de esa forma.
La gimnasia y el ejercicio es sólo del humano, pues nadie ha visto nunca (salvo el Hámster  -y porque está encerrado-) hacerlo de motu propio.
Para “castigarse los cartílagos” de esa manera se precisan al menos tres condiciones:
·        Tener salud para ello.
·        Creer en los médicos.
·        Creer en que aporta algo.
Sin estas tres condiciones nada es posible. Constato una vez más, que soy minoría, no corro, ni hago ejercicio, y además me parece que es un tontería que nada aporta.
No ahora que estoy mayor, si no que pensaba lo mismo cuando era mozo.
Sólo hacía ejercicio cuando estaba en el ejército, pero  era para matar más eficientemente.
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Hoy salgo como es mi costumbre, la emocional alta y la peligrosa por debajo del peligro.
Tengo miedo que este asunto de la tensión influyera o haya influido en mis pensamientos, que todo sea un espejismo.
La dieta severa y la ayuda de la química, parece que funciona, y con la ayuda de Dios (que si hace salir el Sol para buenos y malos,si hace caer la lluvia para ambos…) ¡Como no me va ayudar a mí, si como me “dijo” en mis revelaciones, me protege y me ama!
Me dijo: “Nada que no tenga ocurrir, ocurrirá”, por lo tanto tiene que haberme ocurrido “esto” es por y para algo, pero no lo percibo aún.
Que somos (y yo también) débiles gusanitos, ya lo sabemos, pero nos preocupamos; unos hacen dieta y ejercicio y se ayudan de la química, mientras otros solo dieta y química, pero todos queremos vivir, aunque el porvenir sea peor que el presente.

¿Qué sentido tiene el prolongar la vida, si el fin se aproxima y además el futuro es peor que el presente?

La vida, sin trascendencia, al llegar a este momento de deterioro, cada vez mayor y peor, no merece la pena.
Y con trascendencia, al llegar al mismo periodo, tampoco merece la pena, pues nos espera la nada hasta la resurrección de los muertos.

Conclusión: “Que  suceda lo que tenga que suceder” y como soy “trascendente”, que sea lo que Dios disponga.
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He recuperado casi al 100% el estilo de mi caligrafía, no así el “emocional” y la dicción es “casi” completa, me digo: parece que de ésta he salido, veremos como evoluciona.

Le haré caso al médico (hacía años que no lo visitaba) porque quiero también vivir.
En mi salida de hoy he pasado por la avenida del colesterol y me sigue pareciendo “patético” las ansias de vivir del ser humano.

La dieta sin sal es horrible, añadido que no ingiero azúcar, mi vida no me resulta agradable ahora.
Pero fiel a mi ser, mi disciplina y el deseo de vivir (al que me agarro fieramente) asumo lo que tengo que padecer.

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