viernes, 17 de febrero de 2017

Proyecto: Minimizar posesiones





Acontecimientos relevantes me obliga ha realizar una nueva migración, pero ésta vez ya poseo lo necesario junto al conocimiento del minimalismo y otras cosas, para hacerlo más efectivo.

Ya no soy ese personaje precario en medios, hoy en mi renacimiento me acompañan, no solo años, también algunos medios.

Comienzo reflexionando en voz alta, por escrito para que me sirva de lección (a mi en primer lugar y a otros a los que pueda ayudar).

En primer lugar, tengo la convicción del desapego a cosas materiales que no he usado en tiempo, que no las voy a necesitar y estarán obsoletas, puesto que ya lo están (hablo de bienes tecnológicos), tras esa reflexión, creo que lo mejor será que extraiga los discos duros (pues mas adelante puedo querer aprovecharlos) y el resto al punto limpio, con lo que quedará invalidado lo que dije en una entrada antigua.

¡Como cambia la percepción de la vida dependiendo de la edad y la salud asociada a ella!

Tanto el Evangelio como el minimalismo, nos advierten del peligro del “apego” a las cosas materiales, algo que parece sencillo, pero no lo es en absoluto. La vida nos muestra lo débiles que somos ante “las cosas en propiedad”, cosas que te poseen (en vez de poseerla tú a ellas, como sería lo lógico). Por eso he decidido ser libre de ataduras, de cualquier atadura que no me aporte nada positivo.

La racionalidad del mundo es la que le impide tener fe.
La racionalidad apoyada en la preeminencia de la lógica tecnológica, hace al ser humano creerse autosuficiente y trata de darle explicación técnica a todo.
Esto impide que sea pobre en el espíritu y por lo tanto quede excluido por su autosuficiencia de la bendición de Dios: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Éstos “autosuficientes” no creen, incluso se escandalizan ante los pequeños “milagros” del día a día, y si vieran un “gran milagro” tratarán de encontrar una explicación “racional”. Es de destacar que cuando sus “racionales creencias” les son adversas y sus “dioses tecnológicos” les fallan, ¡Cómo caen en el más absoluto desamparo!
Se hace patente el dicho popular: “Cuando el hombre no cree en Dios, creerá en cualquier cosa por absurda que sea”.

Volviendo al principio, emprendo acción activa en la búsqueda (que seguro que estará trufada de enseñanzas y sorpresas), y comienzo por visitar sitios del comercio inmobiliario, además de incluso perderme en esta populosa ciudad, busco en el sector privado de momento,  y lo simultáneo con el objetivo de minimizar mi posesiones, para ir ligero de equipaje.

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