domingo, 1 de marzo de 2015

Desesperanza





¿Levantarse cada día para ir a la ocupación, volver a casa para dormir, cumplir con deberes maritales estando cansado, volver a levantarse temprano para volver a repetir lo mismo, y sentirse perturbado si cambia nuestra zona de confort?

Luchar por nuestro puesto de trabajo, por los ascensos y el día a día del negocio, sin límite de tiempo, salvo en algún caso la “jubilación” ¿Es vivir?

No disponemos de tiempo para jugar con nuestros retoños, con nuestra esposa, ir a la reunión del sindicato o del partido, del club de fútbol ¿Es eso vivir?
Yo tenía claro cuales eran mis afanes, nunca los conseguí, eran afanes solo del mundo: sexo en exclusiva, vivienda y trabajo bien pagado.
Nunca me pregunté por el precio de todo ello, hoy lo conozco y no valía la pena, estaba sobrevalorado.
He trabajado 50 años, comencé joven, ahora soy viejo, he acumulado mucho. ¿Quién va a gastar lo acumulado?
Firmado: “Un humano desesperado”


Lectura del libro de Job (7,1-4.6-7):

Habló Job, diciendo: «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»


Solo la fe encontrada en mi camino me ha salvado de la desesperanza.


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