Ligereza de juicio...
Debo este post a la
inspiración del artículo de Robert y a la vida misma, que como tantas veces me pone en la situación inspirada y no
tengo más remedio que “comerme” el guiso de la realidad que me ofrece la vida…
Como le adelanté en un
comentario en el blog de Robert… iba yo en el metro de Madrid un día o dos después
de haber leído el artículo “Como responder al juicio de los demás”.
Amanecí ese día con un fuerte
dolor de cabeza, no tomé ningún calmante, aunque me eché un ibuprofeno al
bolsillo para tomarlo más tarde –prefiero poder con el dolor por medios
naturales-
Estábamos sentados tres
jovencitas, un mocetón de veinte años aproximadamente, latino, un ciudadano
rubio de ojos azules centro europeo, una mujer de rasgos negroides, un
matrimonio mayor y yo mismo…
En la siguiente estación,
sube al tren un anciano con bastón y se apoya en la pared junto a los asientos.
Nadie hace intento de ceder
el asiento, el rubio se hace el dormido cuando segundos antes estaba absorto en
su móvil de última generación…a pesar de ocupar el asiento reservado a los
ancianos, mujeres en periodo de gestación y personas con minusvalías físicas…
El latino sigue enfrascado en
un juego del móvil…
Reflexionaba internamente
sobre la mierda de país que hemos construido, donde la educación, el respeto a
los demás y las buenas maneras han quedado arrinconadas al lado de lo inútil…
Que tenga que ser yo, el
viejo, el que se vaya a levantar para ceder el asiento a otro viejo por
desistimiento de los valores cívicos del resto del tren me encrespaba e
indignaba…
La mujer de rasgos negroides,
se levanta por haber llegado a su parada, me corro de asiento para facilitarle
el más cercano a su posición, el anciano se sienta a mi lado, (para mi desdicha,
pues al parecer tiene malas relaciones con la higiene personal) sigo sumido en
mis reflexiones sobre nuestra sociedad egoísta…
Se incorpora en la siguiente
parada un viejo conocido mío de otros muchos viajes, además de verlo en el
barrio…
Es a la sazón un menesteroso
de aspecto famélico y desgreñado, que siempre repite el mismo protocolo: Aduce
que necesita ayuda para comer y que en pago nos ofrece un poema de Rosalía de
Castro (que nos recita de memoria en español y gallego...)
Se dirige a mi persona el
anciano de marras y me dice en voz muy audible por el menesteroso: ¡Dice que es
para comer! Y son las 18 horas…
Y comienza un cruce de
palabras entre el anciano y yo mismo:
- Es un discurso que le
conozco ya, siempre dice lo mismo, es su manera de justificarse la limosna
(apostillo conciliador) aunque le parezca mentira, hay personas que pueden no
haber comido aún, he incluso no tener medios para ello, no debe juzgar tan a la
ligera…
-
Quiá, si está en
ese estado es que seguramente se lo tiene merecido, con su edad ya debería
disfrutar de una pensión…seguro que ha dilapidado su vida…
El menesteroso que tiene buen
oído, le escucha y mira con sorpresa al viejo…
Este ataque del desaseado
anciano, tan alegremente enjuiciador sobre los demás, me encrespa…
- Lo siento, no le puedo dar
la razón, y no se la doy. Está usted enjuiciando con mucha ligereza, y sepa que
con la vara que midas, serás medido.
Además, me ha hundido todas
mis teorías y reflexiones internas…Estaba yo lamentándome por la mierda de país
que hemos hecho…y viene usted con sus palabras y su actitud y me lo tira todo
por tierra…
Pensaba yo que usted no merecía
que ese rubio (señalándolo) se hiciera el dormido, que esas dos señoritas
pintureras pasaran de cederle el asiento, ni que este mocetón fuerte y robusto
no se viera impelido a ceder el asiento a una persona que lo necesita a simple
vista…
Me dije yo en cuanto le vi,
este hombre tiene la tensión por las nubes, el colesterol muy alto y tendrá
asociado una diabetes grande, además del problema circulatorio que muestran
esos derrames en los brazos…
-
¿Es usted médico?
-
No, pero
reconozco esos síntomas…
El anciano intenta justificar
su actitud, y solo hace encresparme aún más con sus vanos y antisociales
opiniones.
-
¡Que no, que no
tiene razón y no se la doy! (replico tratando de contenerme mi natural ganas de
agredirlo) además si como usted dice no cotizó en la seguridad social, ¿Quién le
dice a usted que pudo hacerlo?
-
Todo el mundo ha
podido, (replica con seguridad)
-
Puede que
estuviera fuera del país, o en la cárcel…
-
Pues si estuvo en
la cárcel que se joda…
-
¿Está usted
seguro que todo aquel que está en la cárcel es culpable?, ¿Están todos los
culpables en la cárcel?, además si la ley le hizo cumplir una condena, ya ha
pagado y no le podemos exigir más, ya pagó por ello lo que le pedimos…
-
Si fuera una
mujer, hubiera opinado diferente…
Esta
deriva de género es lo que me faltaba, intenta arroparse en el género…
-
Usted cuando mira
ve hombres y mujeres, ¿no?
-
Si (replica
rotundo)
-
Pues yo no,
cuando miro veo PERSONAS (recalco la palabras, que casi la muerdo) y me da
igual el género, la raza o su posición social, si necesita algo y se lo puedo
dar, se lo doy…
El
anciano ya no tiene más recursos, calla por fin y cuando llega su parada se
apea y deja atrás a una desolada persona (yo).
Llegado
a mi destino, bajo en mi estación, y ¡OH
sorpresa! Ya no me duele la cabeza.
Reflexiones:
-
¿Me comporto o me
comportaré como el anciano de la historia que juzgaba con ligereza?
-
¿Cuál es la
posición adecuada?
Seguiré meditando en ello…
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