Libertad y nuevas tecnologías II
Comentaba en una entrada reciente, o más bien me lamentaba del servicio de mensajería llamado Whatsapp, lo definía al final como un “apartheid” por medios tecnológicos.
Tan dura definición la argumentaba a mi modo y según mi sensibilidad sobre un evento observado, pero hoy un blogger nos cuenta mejor que yo su experiencia al decidir dejar por un tiempo Whatsapp.
Hace unos meses comencé a percibir que algo extraño sucedía con WhatsApp. Varios amigos que no son precisamente fanáticos de la tecnología comenzaron a usarlo cada vez más. Algunos incluso con una intensidad que me sorprendió. En ocasiones tenía la sensación de que sus mensajes no parecían escritos por ellos.Me encontré con situaciones desagradables: gente que se enfadaba porque no se había enterado de un plan al no mirar a tiempo una cadena de mensajes en un grupo, desencuentros por no responder con la suficiente velocidad a un mensaje y otras miserias similares. WhatsApp parecía estar logrando el perverso efecto de convertir a gente inteligente en personas torpes y suspicaces.
Afirmaba yo categórico:
¿Para ser un
“ciudadano homologado” y respetable, se tiene que estar en todas las redes,
foros y herramientas novedosas, porque de lo contrario estarás marginándote?
Están abriendo
una brecha tecnológica en nuestra sociedad, están creando un aparheid
tecnológico que tendrá efectos perversos.
Y los está teniendo ya como perciben muchas personas...
Los usuarios que utilizan compulsivamente la aplicación, y que con frecuencia esperan una respuesta inmediata a sus mensajes, son los que en gran medida están logrando que WhatsApp provoque dolores de cabeza.
(...)Además he percibido que WhatsApp está frenando otras formas de comunicación más directas. En ocasiones cuando una conversación de trabajo por WhatsApp amenaza con ser interminable decido llamar por teléfono sin más. En más de una ocasión he comprobado que eso ha dejado completamente fuera de juego a mi interlocutor. Nunca logro explicarme porque alguien que está dialogando conmigo le puede costar tanto hablar en lugar de chatear. Sospecho que se debe en parte a que despersonalizar la comunicación es algo terroríficamente cómodo.
Señalaba yo en mi entrada: Pero aún
llegaron a más, dentro de los “guaseados” crearon un círculo más íntimo, y
desde ese “círculo” de iniciados se erigieron en tele manipuladores del resto,
y los “comunes empezaron a sentir “el descarte” de los círculos “superiores”.
Y sigue mi colega blogger contando sus muy interesántes experiencias y conclusiones, que se debe leer para tener un conocimiento sobre lo que nos está sucediendo como sociedad "comunicada" que está cada vez más "incomunicada".
Los párrafos los he entresacado del blogger Ramón Peco
Podéis leer el artículo en versión original pinchando aquí.
Mi padre me decia que era una manera de no dar la cara y enfrentar las consecuencias. Es una forma mas sencilla de salirse con la suya en muchos aspectos. La gente puede molestar todo lo que quiera y piensan que eso no tiene repercusiones en la vida real.
ResponderEliminarMuchas gracias por comentar.
ResponderEliminarUn cordial saludo
Alberto Antonio.