LA LECCIÓN DEL VENADO
Si hubiera conocido esta historia quizás no me hubiera divorciado, aunque pienso que hice lo mejor que supe hacer...
Posteriormente la lección se la dio la vida exactamente como en la historia que comparto, pero ya sin posibilidad de arreglo marital, pero el resto de los parásitos sufrió las consecuencias exactamente igual que en la reacción de la esposa de la historia.
La vida nos da lecciones sin libros...
Vamos a la historia ejemplarizante:
LA LECCIÓN DEL VENADO
La lección
El grito que cambió todo
Reflexión brutal
Dos viejos amigos se encontraron en el pueblo.
Entre el primer trago y el segundo, uno notó la tristeza en los ojos del otro.
—Compadre, lo veo acabado… ¿qué pasa?
El hombre suspiró profundo.
—Es mi mujer. Ya no aguanto más. Usted sabe que somos pobres. Yo me juego la vida en el monte, entre víboras y espinas, aguantando frío, hambre y miedo para cazar un venado.
Cargo ese animal pesadísimo en la espalda, subo la colina hasta que las piernas me tiemblan…
Y cuando llego a la casa, empieza la fiesta.
Una pierna para doña Juana.
El lomo para mi mamá.
Las costillas para la vecina.
Y a los dos días… otra vez no tenemos nada.
Yo me parto el lomo.
Ella lo regala todo.
Esta noche me separo.
El compadre, más sabio, sonrió y respondió:
—No se separe. Mejor edúquela. Llévela de cacería con usted.
Pero no le diga que es difícil. Píntele bonito el paseo… y que la realidad le enseñe.
La lecciónElla fue al monte con falda larga y zapatos de tela.
A los diez minutos, la fantasía se acabó.
Las espinas le desgarraron la ropa y la piel.
Las piedras le rompieron los zapatos.
El sol le quemaba la nuca.
Las garrapatas se le pegaban al cuerpo.
Casi se desmaya cuando una víbora le pasó rozando los pies.
Llorando y exhausta, por fin vieron al venado.
El marido disparó.
El animal cayó.
Ella pensó que todo había terminado.
Pero él dijo:
—Ahora, mija… cárguelo usted hasta la casa. Para que sienta la satisfacción completa.
Sin fuerzas para discutir, se echó el venado al hombro.
Bajó la montaña tambaleándose.
Sudando.
Temblando.
Con el peso muerto clavándose en su espalda.
Llegaron casi de noche.
Ella dejó caer el venado en la sala y se tiró al suelo, destruida.
El grito que cambió todoComo ya era costumbre, vecinos y familiares entraron sonriendo, cuchillos en mano.
—¡Qué bueno que llegaron! ¡Vamos a repartir el venado!
Desde el suelo, con los ojos encendidos y el cuerpo aún temblando, la mujer sacó fuerzas de donde no tenía y gritó:
—¡El que toque este venado, lo mato!
Y el pueblo entendió.
Reflexión brutalNadie valora lo que no le cuesta.
Es muy fácil ser generoso con el sudor ajeno.
Es muy fácil gastar el dinero que no trabajaste.
Por eso hay hijos que despilfarran la herencia.
Por eso hay parejas que no cuidan el patrimonio.
Por eso muchos critican el éxito… pero no soportarían cargar el peso que lo construyó.
Para entender el valor de algo…
hay que cargar el venado.
Cuando veas a alguien con éxito, no envidies su carne.
Recuerda las espinas.
Las víboras.
El sol quemando la piel.
El peso en la espalda.
Solo se ama.
Solo se cuida.
Solo se respeta…
lo que se ha ganado con lágrimas.
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